COMENTARIO
Comunicado lo que va a suceder, la atención se centra ahora en el cuándo. Quien lo revela (vv. 5-6) es el mismo ángel extraordinario que apareció al comienzo de la visión (cfr 10,5-6) y en el mismo escenario (cfr 10,4). Si no lo comunica directamente a Daniel, como lo anterior, sino a otro ángel, es porque se trata de un misterio que sólo se conoce en el cielo. Con la expresión «un tiempo y tiempos y medio tiempo» (v. 7), se está indicando que el tiempo que queda es limitado (cfr 7,25). Y aunque Daniel quiera conocer con precisión qué será lo último en suceder antes del fin, sólo obtiene como respuesta clara la invitación a la fidelidad en medio de la persecución (vv. 9-10). Todavía se le comunican dos períodos de tiempo. El primero de 1290 días a partir de la profanación del Templo (v. 11) supera en un mes los tres tiempos (años) y medio (1260 días), y quizá está indicando que, aunque sea un tiempo limitado, será más largo que lo que él se imagina. El segundo, de 1335 días, enmarcado en la bienaventuranza de los que sepan esperar, supone mes y medio más que el anterior y vendría a expresar la necesidad de perseverancia en la espera, aunque el fin tarde en llegar. Es posible que estos períodos respondan a adiciones posteriores al libro tras la muerte de Antíoco IV sin que hubiera llegado el fin. En cualquier caso los que mueren fieles, como Daniel, lo hacen esperando la resurrección final. San Ireneo señala que estas palabras fueron dichas a Daniel «para que no se pensase que la promesa anterior (cfr 7,27) se refería a este tiempo, sino a la eternidad» (Adversus haereses 5,34,2).