COMENTARIO
La caracterización de los personajes y la descripción de las escenas han hecho de este episodio, junto con el de Daniel en el foso de los leones, el más popular del libro. Refleja un ambiente intrajudío y constituye una unidad narrativa en sí mismo, con toda probabilidad independiente en su origen de las otras historias. La versión de Teodoción sitúa el relato al comienzo del libro, como una presentación de Daniel, cuyo nombre significa precisamente «Dios es mi juez». Por otro lado las diferencias entre el texto de los Setenta y el de Teodoción son notables: en éste se acentúa la inocencia de Susana y su salvación por la misericordia de Dios que escucha su oración; en aquél la perversidad de los ancianos jueces de Israel. Si a lo largo del libro se ha puesto de relieve que Dios conoce los secretos sobre el fin, ahora se resalta que conoce los secretos del corazón de cada hombre y juzga en consecuencia.
El episodio de Susana fue interpretado alegóricamente por algunos Padres de la Iglesia, como San Hipólito, que escribe: «Susana hubo de sufrir de parte de los ancianos lo que todavía hoy se ha de sufrir de parte de los príncipes de Babilonia. Susana era la figura de la Iglesia, su marido Joaquín, la de Cristo. El jardín que estaba junto a su casa figuraba la sociedad de los santos, plantados como árboles fecundos en medio de la Iglesia. Babilonia es el mundo. Los dos ancianos representan en figura los dos pueblos que conspiran contra la Iglesia, el de la circuncisión y el de los gentiles. Las palabras fueron elegidos jefes del pueblo y jueces significan que ellos dan juicios injustos contra los justos» (Commentarium in Danielem 1,15).