COMENTARIO

 Dn 13,45-64 

Ante Dios no hay nada oculto —«Él es todo ojo y nada de lo que se hace en el mundo se le esconde» (S. Hipólito, Commentarium in Danielem 1,33)— y Él juzga según la verdad, en este caso suscitando el espíritu de profecía —llamado aquí espíritu santo— en Daniel que, por su juventud, aparece contrapuesto a los ancianos. Daniel recrimina al pueblo por su aquiescencia irreflexiva y hace que se reabra el proceso, que se busque honradamente la verdad, sin dejarse llevar por la apariencia de autoridad de los jueces. El recurso empleado por Daniel para descubrir la verdad tiene carácter popular. Susana es reconocida por todos como la virtuosa y la esposa fiel a su marido. Así se convierte en símbolo de la fidelidad de Israel a su Dios. Si a lo largo del libro Daniel era estimado por los reyes extranjeros, ahora se señala que también lo es por su propio pueblo. Un motivo más para aceptar las revelaciones que se han dado por medio de él.

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