COMENTARIO
Se unen dos relatos de carácter burlesco y popular, el del ídolo Bel (14,1-22) y el del dragón tenido por dios vivo (14,23-27), seguidos de otro similar al del cap. 6: Daniel arrojado al foso de los leones (14,28-42). El conjunto viene a mostrar la ridiculez de la idolatría y, en contraste, la salvación otorgada por el Dios verdadero, el Dios de Israel. «La Escritura recuerda constantemente este rechazo de los “ídolos, oro y plata, obra de las manos de los hombres”, que “tienen boca y no hablan, ojos y no ven…” Estos ídolos vanos hacen vano al que les da culto: “Como ellos serán los que los hacen, cuantos en ellos ponen su confianza” (Sal 115,4-5.8; cfr Is 44,9-20; Jr 10,1-16; Dn 14,1-30; Ba 6; Sb 13,1-15,19). Dios, por el contrario, es el “Dios vivo” (Jos 3,10; Sal 42,3, etc.), que da vida e interviene en la historia» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2112).