COMENTARIO

 Os 9,1-17 

El capítulo tiene cuatro estrofas en torno al anuncio de la deportación (vv. 1-6), al profeta como centinela de Dios (vv. 7-9) y a la decepción de Dios ante la infidelidad de Israel (vv. 10-14 y vv. 15-17).

Comienza el pasaje con un discurso del profeta relacionado con el capítulo anterior por el tema del retorno de Efraím (Israel) a Egipto (v. 3). La advertencia «no te alegres, Israel» (v. 1) contempla las fiestas de la recolección, impregnadas de ritos cananeos de la fertilidad, llamados por Oseas con el duro apóstrofe de «salario de prostitución». Todo esto hará que Dios arroje a Efraím del país, la «tierra del Señor» (v. 3). En tierra extranjera no podrán ofrecer a Dios sacrificios en los días de las solemnidades (vv. 4-5), los instrumentos preciosos del culto al Señor, abandonados en la tierra de Israel, quedarán cubiertos por la vegetación salvaje (v. 6). Con lenguaje poético se expresa el grave pecado de idolatría, y el castigo que alcanzará a los israelitas y a los objetos con que se complacen en su culto.

El pasaje del profeta como centinela de Dios (vv. 7-9) es confuso en el texto hebreo; las versiones antiguas no lo consiguieron aclarar, y la traducción se enfrenta a dificultades que no siempre se pueden resolver. De todos modos, la idea central es clara: Oseas, como Amós y Jeremías, sufre la hostilidad de parte del pueblo, que no tolera sus denuncias y le llama necio y loco (cfr v. 7). La figura profética de Oseas es también en este aspecto un presagio de la de Jesucristo y de muchos santos que han de decir verdades que no gustan a quienes viven apartados de Dios. Es una llamada a la responsabilidad del hombre fiel, que ha de decir y hacer la verdad, pese a las contrariedades que le acarree.

Los últimos versículos (vv. 10-17) expresan la decepción del Señor ante su pueblo. Parecen un diálogo en el que hablan Dios (vv. 10.13.15-16) y el profeta (vv. 14.17). La idea de fondo del diálogo es clara: el Israel contemporáneo de Oseas es heredero y solidario del que pecó antes. A este propósito se recuerdan dos lugares: Baal-Peor (v. 10) y Guilgal (v. 15). El primero viene a ser prototipo de las graves infidelidades religiosas de Israel (cfr Nm 25,1-5; Jr 11,13); Guilgal es donde Saúl desobedeció al Señor y después se convirtió en ciudad de culto cismático; en este sentido ha sido mencionado ya en 4,15. En ambos casos, el Señor ha sido hondamente decepcionado, por lo que castiga con dureza al pueblo; el profeta tiene los mismos sentimientos de decepción (vv. 14.17). Al final (v. 17), expresa que la suerte de Israel será parecida a la que tenía antes de la entrada en la tierra de promisión: vagar errante entre las naciones (cfr Jr 49,5).

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