COMENTARIO
La unidad literaria del capítulo viene marcada por las dos imágenes correspondientes a las dos estrofas del oráculo: «Israel era una vid frondosa» (v. 1), «Efraím era una novilla domada» (v. 11). La mención de la desaparición del rey (vv. 3.7.15) da homogeneidad a las dos estrofas.
Los vv. 1-2 sirven de tesis al pasaje: cuanto más bienestar material se ha conseguido tanto más se ha corrompido (v. 1, referencia probable al reinado de Jeroboam II), hasta dividirse su corazón (v. 2, referencia al culto sincretista del Señor y del Baal cananeo). Los verbos «incrementar» (v. 1) y «pagar» (v. 2) están puestos en claro contraste. Las frases «no tenemos rey» (v. 3), el «rey, como espuma sobre la faz del agua» (v. 7), aluden a la inestabilidad de los reyes de Israel y a la ineficacia de la monarquía: desde la muerte de Jeroboam II el 747 hasta el 721, en que Samaría cae en manos de Asiria, se suceden seis reyes, que han sido juguete de ésta o han sido asesinados por el sucesor; bien puede decir el profeta que no tienen rey que gobierne. Las consecuencias de tal anarquía se mencionan en los vv. 4-8: palabrería, juramentos y pactos falsos, juicios injustos; por eso Asiria destruirá los lugares de culto de Israel, el rey desaparecerá, vendrá la desesperación. Los vv. 9-10 probablemente toman como fundamento la guerra fratricida de las tribus contra la de Benjamín para vengar el crimen de Guibeá (cfr Jc 19,1-20,48). Tanto el crimen como la guerra subsiguiente, en la que casi fue extinguida la tribu de Benjamín, debieron de ser para Oseas un suceso paradigmático de infamia y crueldad, que gravitaba en la historia posterior. El v. 8 es citado por Nuestro Señor en el encuentro con las «hijas de Jerusalén» camino de la cruz, cfr Lc 23,30, y en Ap 6,16, en el relato de la apertura del sexto sello. En su conjunto estos versículos enseñan la doble cara que presenta el progreso material: «La Sagrada Escritura, con la que está de acuerdo la experiencia de los siglos, enseña a la familia humana que el progreso altamente beneficioso para el hombre también encierra, sin embargo, una gran tentación, pues los individuos y las colectividades, subvertida la jerarquía de los valores y mezclado el bien con el mal, no miran más que a lo suyo, olvidando lo ajeno» (Conc. Vaticano II, Gaudium et spes, n. 37).
La segunda estrofa comprende un discurso en forma de parábola (vv. 11-13) y otro de reproches y amenazas (vv. 13-15). El primero evoca los comienzos de Israel, los años del desierto, como época dorada; el segundo exterioriza la decepción de Dios con alusión a hechos históricos recientes: asedio de Bet-Arbel por Salmán, rey moabita (v. 14), y cultos ilegítimos en Betel (v. 15). El motivo de fondo de la condena es el que recorre el libro: el pueblo ha confiado en sus propias fuerzas (cfr v. 13) olvidándose de buscar al Señor (cfr v. 12).