COMENTARIO
Comienza el libro con el envío fallido de Jonás. Los lugares y las circunstancias descritas no pueden ser más expresivos: Jonás es enviado a Nínive —la ciudad de la gran perversidad (cfr v. 2), como es conocida en la tradición bíblica (cfr Na 3,1-4)—, pero se dirige al extremo opuesto, a Tarsis. Es posible que aquí con ese nombre el texto se refiera a Tartesos, colonia fenicia, al sur de España, pero puede también indicar alguna otra región del occidente lejano (ver nota a Is 23,1-18). Si Nínive está al oriente de Israel, Tarsis está al occidente, pero, sobre todo, está «lejos de la presencia del Señor» (v. 3).
Jonás desobedece al Señor y lo hace sin sutilezas de ningún tipo. Pero el autor sagrado sí es más sutil: de hecho las acciones de Jonás parecen la antítesis de las de Jeremías, el profeta de las naciones (cfr Jr 1,4ss.); y recuerdan más bien las de Caín: ambos, Jonás y Caín, se marchan «lejos de la presencia del Señor» (v. 3; cfr Gn 4,13.16) y se irritan contra Dios (cfr 4,1-4; Gn 4,4-7), aunque a la postre ambos son protegidos por Dios (cfr 2,1-2; Gn 4,15): «La huida del profeta puede ser referida en general también al hombre que, transgrediendo los mandamientos de Dios, se aleja de su presencia y se queda inmerso en el mundo, donde una tempestad de desdichas y los estragos del naufragio del mundo entero contra él, le obligan a advertir la presencia de Dios y a volver hacia Aquél del que había intentado huir» (S. Jerónimo, Commentarii in Ionam 1,4).