COMENTARIO

 Ml 2,10-16 

La «tercera disputa» está en continuidad con la anterior (1,6-2,9). Si antes se reprochaba a los sacerdotes que hubieran profanado al Señor y a su nombre (1,7.12), no guardando la alianza con Leví (2,4-5.8), ahora se dice que Judá entero —«el hijo y el nieto» (v. 12), que otras versiones traducen: «el testigo y el que responde», o bien, «el que lo hace y el que lo consiente»— ha profanado el Santuario y la alianza de Dios con los patriarcas (vv. 10-12).

Las dos faltas que se condenan hacen referencia al matrimonio en el ámbito de la Alianza. El profeta rechaza el matrimonio entre un judío y una extranjera —una «hija de un dios extraño» (v. 11)—, probablemente por el peligro de idolatría que puede darse en tal unión (cfr Dt 7,3ss.). De la misma manera, fustiga con dureza a los que repudian a la mujer (v. 16). Aunque la Ley de Moisés permitía en ciertas condiciones el repudio de la mujer (cfr Dt 24,1ss.), el profeta hace una encendida defensa de la alianza matrimonial: como Dios es testigo del compromiso que adquirieron los cónyuges al casarse (v. 14), no puede aceptar las ofrendas que le hace (v. 13) un hombre que, al mismo tiempo, no guarda fidelidad a la alianza esponsal; y, recogiendo la formulación del libro del Génesis (Gn 1,27; 2,23), recuerda que los esposos son una sola cosa, y que tanto esta unión como la fecundidad matrimonial (v. 15) proceden del mismo Dios.

Los Padres de la Iglesia no dejaron de notar la fuerza de los razonamientos de Malaquías: «A mi parecer, la expresión un solo espíritu [significa] que el hombre se ha unido carnal y espiritualmente a la mujer que se le ha dado según la Ley. Y como han llegado a ser un solo cuerpo, así de alguna manera, han llegado a ser también una sola alma, porque el amor los acerca y los une en la unanimidad de la Ley divina. Llama por tanto a la mujer parte del espíritu del hombre y como una parte de su alma, por la unión que da la unanimidad del amor en casi un único ser» (S. Cirilo de Alejandría, Commentarius in Malacchiam 28).

En la cuestión del repudio y el divorcio, nuestro Señor se expresó con razonamientos que recuerdan en parte a los de Malaquías (cfr Mt 19,1-12). En cambio, la invectiva contra los matrimonios mixtos de Malaquías se mueve cerca del exclusivismo de algunos pasajes de Nehemías (Ne 13,23-27) y bastante lejos de la sensibilidad del libro de Rut, donde se relata cómo una mujer gentil puede convertirse al Señor y ser incorporada al pueblo.

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