2«Los he amado, dice el Señor. Pero ustedes dicen: “¿En qué se nota tu amor?”. ¿Es que no era Esaú hermano de Jacob? —oráculo del Señor—. Sin embargo, Yo amé a Jacob 3y odié a Esaú. Hice de sus montes una desolación y entregué su heredad a los chacales del desierto. 4Ya puede decir Edom: “Hemos sido arrasados, pero reconstruiremos las ruinas”. Así replica el Señor de los ejércitos: “Ellos edificarán, pero Yo destruiré. Les llamarán: ‘Territorios impíos’, ‘Pueblo de la eterna ira del Señor’. 5Lo verán sus ojos y ustedes mismos proclamarán: ‘¡Grande es el Señor sobre los territorios de Israel!’”.
6»El hijo honra a su padre y el siervo a su señor. Si Yo soy padre, ¿dónde queda mi honra? Si Yo soy Señor, ¿dónde queda mi respeto?, les dice el Señor de los ejércitos a ustedes, sacerdotes, que están ultrajando mi Nombre. Y ustedes replican: “¿En qué hemos ultrajado tu Nombre?”. 7Traen a mi altar pan profanado, y ustedes dicen: “¿En qué te hemos profanado?”. En que piensan que la mesa del Señor es algo despreciable. 8Cuando presentan para el sacrificio una res ciega, ¿no es eso algo detestable? Cuando presentan una res coja o enferma ¿no es eso algo malo? ¡Hala! Ofrécesela a tu gobernador, ¿crees que le agradará o le serás grato? —dice el Señor de los ejércitos—. 9Ahora, pues, aplaquen el rostro de Dios para que se apiade de ustedes. De sus manos viene esto. ¿Le serán gratos? —dice el Señor de los ejércitos—. 10¡Ojalá que alguien de ustedes cerrara las puertas para que no encendieran mi altar en vano! No tengo ninguna complacencia en ustedes —dice el Señor de los ejércitos—, ni me agrada la oblación de sus manos.
11»Pues desde donde sale el sol hasta el ocaso grande es mi Nombre entre las naciones. En todo lugar es ofrecido incienso y una oblación pura a mi Nombre, porque mi Nombre es grande entre las naciones, dice el Señor de los ejércitos.
12»Pero ustedes lo profanan cuando van diciendo: “La mesa del Señor está profanada, y su comida es despreciable”. 13Y añaden: “¡Qué fastidio!”. Y la desdeñan —dice el Señor de los ejércitos—, y traen la res robada, la coja y la enferma y la presentan como ofrenda. ¿Podré aceptarla de sus manos con agrado? —dice el Señor—.
14»¡Maldito el trapacero que tiene en su rebaño un macho entero, y ofrece en sacrificio al Señor uno tarado! ¡Porque Yo soy el Gran Rey —dice el Señor de los ejércitos—, y mi Nombre es respetado en las naciones!
2Ml1»Ahora, para ustedes, sacerdotes, es este mandato:
2Si no escuchan y no toman a pecho el dar gloria a mi Nombre —dice el Señor de los ejércitos—, enviaré contra ustedes la maldición y maldeciré sus bendiciones; incluso ya las he maldecido, porque nadie de ustedes las toma a pecho.
10»¿No tenemos todos nosotros un solo padre? ¿No nos ha creado un único Dios? ¿Por qué, entonces, nos traicionamos unos a otros, profanando la alianza de nuestros padres? 11Judá ha prevaricado; en Israel y en Jerusalén se han hecho cosas abominables: Judá ha profanado el Santuario tan querido del Señor al desposarse con la hija de un dios extraño. 12¡Que extirpe el Señor al hombre que haga eso, al hijo y al nieto, de las tiendas de Jacob, y de entre los que ofrecen la oblación al Señor de los ejércitos!
13»Aún hacen otra cosa: cubren de lágrimas, de llantos y sollozos el altar del Señor porque ya no vuelve su rostro a la oblación ni la acepta con agrado de sus manos. 14Y todavía dicen: “¿Por qué?”. Pues porque el Señor es testigo entre ti y la esposa de tu juventud, a la que has sido infiel, siendo ella tu compañera, la esposa comprometida por tu alianza. 15¿Es que no hizo una sola cosa de carne y espíritu? Y ¿qué busca esta unidad? Una posteridad concedida por Dios. Guarden, pues, su espíritu, y no le seas tú infiel a la esposa de tu juventud.
16»Porque Yo odio el repudio —dice el Señor, Dios de Israel—, y al que recubre de violencia su vestidura —dice el Señor de los ejércitos—. Guarden, pues, su espíritu y no sean infieles.
17»Fatigan al Señor con sus palabras y aún dicen ustedes: “¿Con qué le fatigamos?”. Pues cuando afirman: “Cualquiera que hace el mal es como si fuera bueno a los ojos del Señor, en ellos se complace”; o todavía: “¿Dónde está el Dios de la justicia?”.
3»Se pondrá a fundir y a purificar la plata; purificará a los hijos de Leví, los acrisolará como oro y plata: así podrán ofrecer al Señor una oblación en justicia. 4Entonces será grata al Señor la oblación de Judá y de Jerusalén como en los días de antaño, como en los años que pasaron.
5»Estaré cercano a ustedes para administrar justicia y ser testigo presto contra los hechiceros y los adúlteros, contra los que juran en falso y contra los que explotan al jornalero, a la viuda y al huérfano, y agravian al extranjero, sin guardarme temor —dice el Señor de los ejércitos—.
16»Pero los temerosos del Señor hablan entre sí de otra manera, y el Señor les atiende y les escucha. En su presencia se escribe un libro de memorias en favor de los que temen al Señor y honran su Nombre. 17Serán mi propiedad —dice el Señor de los ejércitos— el día que Yo actúe. Me apiadaré de ellos como se apiada un hombre de su hijo que le sirve. 18Entonces volverán a distinguir entre el justo y el impío, entre el que sirve a Dios y el que no le sirve.