COMENTARIO

 Ml 3,13-21 

Se plantea una cuestión muy semejante a la de la cuarta disputa (2,17-3,5): si los que practican la impiedad y tientan a Dios prosperan (v. 15), ¿para qué guardar los preceptos del Señor? (v. 14). La respuesta del profeta es, en parte, semejante a la dicha antes (cfr 3,2.5), pues anuncia un día de justicia en el que los impíos serán destruidos (vv. 19.21). Sin embargo, Malaquías es más explícito que antes en lo que se refiere a la suerte y a la retribución de los justos. El Señor no es ajeno a los cuidados y preocupaciones de los que le temen; más bien es como un rey soberano que anota en sus anales (cfr Est 6,1-3) los méritos de los justos (v. 16). Por eso, el día en que el Señor se manifieste será para los que le temen un día de gloria y de felicidad inexpresable (vv. 20-21), porque ellos son los protegidos de Dios (vv. 17-18).

La expresión «sol de justicia» (v. 20), aplicada a la venida del Señor, encuentra su eco en el Nuevo Testamento en el Benedictus o Cántico de Zacarías (cfr Lc 1,78). Por eso no es extraño que en la tradición cristiana se aplique a Jesucristo: «El Señor ha venido ciertamente en la tarde de un mundo en declive y casi cercano al fin de su curso, pero con su venida, puesto que Él es el Sol de justicia, ha regenerado un día nuevo para aquellos que creen» (Orígenes, Homiliae in Exodum 7,8).

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