COMENTARIO

 Hch 1,15-26 

El episodio de la elección de San Matías revela varias notas importantes en la constitución de la Iglesia, como son el número de los Doce y el lugar que ocupa Pedro en la comunidad.

Pedro, a quien Jesús le encomendó confirmar en la fe a sus hermanos (Lc 22,32), es quien tiene la iniciativa. Recuerda primero la muerte violenta de Judas (vv. 18-19; cfr Mt 27,3-10) y propone la elección de un Apóstol que ocupe el lugar del traidor. Más tarde, cuando muere Santiago el Mayor (12,2), ya no se menciona este procedimiento. Por tanto, el gesto de Pedro parece indicar que la constitución de los Doce era necesaria antes de la venida del Espíritu Santo cuando la Iglesia se manifestó públicamente.

La comunidad cristiana acude a las suertes —medio usado en el Antiguo Testamento, cfr p. ej. 1 S 14,41— porque piensa que Dios ha hecho ya su elección y consiguientemente la manifestará: «Todos rezan, diciendo: Tú, Señor, que conoces el corazón de todos, muéstranos. “Tú, no nosotros”. Llaman con razón al que penetra todos los corazones, pues Él solo era quien había de hacer la elección. Le exponen su petición con toda confianza, dada la necesidad de la elección. No dicen: “Elige”, sino: Muéstranos a cuál has elegido, pues saben que todo ha sido prefijado por Dios. Echaron suertes. No se creían dignos de hacer por sí mismos la elección, y por eso prefieren atenerse a una señal» (S. Juan Crisóstomo, In Acta Apostolorum 3,3).

Lucas suele reservar el término «Apóstoles» para designar a los Doce (cfr p. ej. 6,6), o a los Once junto a Pedro, que aparece como cabeza del Colegio Apostólico (cfr 2,14). Las funciones principales de los Apóstoles a lo largo del libro de los Hechos son: ser testigos de la resurrección de Jesús (1,22) y llevar a cabo este testimonio mediante el ministerio de la palabra (6,4), acompañado de signos y prodigios que hacen visible la salvación que anuncian (2,14-21.43; 3,1-11.16; etc.). Los Doce llevan asimismo la dirección de la Iglesia: recogiendo los bienes para los hermanos necesitados (4,35), eligiendo a algunos hermanos para el ministerio (6,2-3), interviniendo como garantes de la unidad (11,1-18; 15,2), etc.

Lucas concentra su interés en la figura de Pedro, al que nombra en su libro 56 veces. Pedro es siempre el centro de las escenas y episodios en los que aparece con otros Apóstoles o discípulos. En los acontecimientos relativos a la comunidad de Jerusalén, Pedro actúa como portavoz de los Doce (2,14.37; 5,29) y desempeña un papel decisivo en la apertura del Evangelio a los paganos.

El Colegio de los Doce Apóstoles, cuya cabeza es Pedro, pervive en el Episcopado de la Iglesia, cuya cabeza es el Romano Pontífice, sucesor de Pedro y vicario de Jesucristo: «Así como, por disposición del Señor, San Pedro y los demás Apóstoles forman un único Colegio apostólico, por análogas razones están unidos entre sí el Romano Pontífice, sucesor de Pedro, y los obispos, sucesores de los Apóstoles» (Conc. Vaticano II, Lumen gentium, n. 22).

Volver a Hch 1,15-26