COMENTARIO

 Hch 3,1-5,42 

Con la fuerza del Espíritu Santo recibida en Pentecostés, los Apóstoles siguen proclamando el Evangelio y confirmando con obras la verdad que predican. Pronto, sin embargo, surge la oposición de dirigentes judíos (4,1-2; 5,17-18) y aparecen las faltas de algunos miembros de la Iglesia (5,1-11). En este marco, el texto refleja el optimismo de aquellos fieles guiados por el Espíritu Santo: el pueblo les apreciaba (5,15-16), hombres importantes y justos como Gamaliel les comprendían (5,34-39), el Espíritu les asistía (4,31) y, en definitiva, Dios les confortaba con el aumento de los fieles y la fecundidad de virtud de aquella primera comunidad (4,4.32-37), porque «la contemplación de tantos hechos bien puede llevar razonablemente a la persuasión y a la fe a los que aman la verdad, no siguen las opiniones, ni se dejan dominar por las malas pasiones» (S. Justino, Apologia 1,53).

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