COMENTARIO
En el primer sumario (cfr 2,42-47 y nota), Lucas recordaba principalmente la oración de la primera iglesia; ahora, con otro sumario (vv. 32-35), insiste en la comunión de bienes; después (cfr 5,12-16), lo hará en los prodigios de los Apóstoles. El autor es consciente de la importancia que tiene el efectivo desprendimiento de los bienes y por eso presenta un ejemplo notable, Bernabé (vv. 36-37), al que sigue un contraejemplo, Ananías y Safira (5,1-11): «No puede dudarse de que los pobres consiguen con más facilidad que los ricos el don de la humildad, ya que los pobres, en su indigencia, se familiarizan fácilmente con la mansedumbre y, en cambio, los ricos se habitúan fácilmente a la soberbia. Sin embargo, no faltan tampoco ricos adornados de esta humildad y que de tal modo usan de sus riquezas que no se ensoberbecen con ellas, sino que se sirven más bien de ellas para obras de caridad. (…) El don de esta pobreza se da, pues, en toda clase de hombres y en todas las condiciones en las que el hombre puede vivir. (…) Después del Señor, los Apóstoles fueron los primeros que nos dieron ejemplo de esta magnánima pobreza. (…) Muchos de los primeros hijos de la Iglesia, al convertirse a la fe, no teniendo más que un solo corazón y una sola alma, dejaron sus bienes y posesiones y, abrazando la pobreza, se enriquecieron con bienes eternos y encontraban su alegría en seguir las enseñanzas de los Apóstoles, no poseyendo nada en este mundo y teniéndolo todo en Cristo» (S. León Magno, Sermones 95,2).
La generosidad de Bernabé se refrenda a lo largo del Nuevo Testamento por su papel destacado en la difusión del Evangelio. Bernabé será quien presente a Saulo, recién convertido, a los Apóstoles (9,27). Más tarde será enviado por éstos a Antioquía a raíz de la primera predicación del Evangelio a los gentiles (11,22). Será el compañero de Pablo en el primer viaje (13,2), y subirá también con él a Jerusalén para tratar sobre la circuncisión de los gentiles convertidos (15,2). San Pablo alabará el celo y desinterés de Bernabé en la causa del Evangelio (cfr 1 Co 9,6).