COMENTARIO
El relato presenta un cuadro de contrastes marcado por dos mandatos contrarios que se dan a los Apóstoles: el del ángel (v. 20) y el del Sanedrín (v. 28). La respuesta de los Apóstoles es muy significativa: hay que obedecer a Dios antes que a los hombres (v. 29).
Al comienzo (vv. 17-25) presenta el encarcelamiento de los Apóstoles y su liberación por medio de un ángel. Los ángeles aparecen en la Sagrada Escritura como mensajeros de Dios y mediadores, custodios, protectores y ministros de la justicia divina. Abrahán envía a su siervo a la tierra de Jarán y le dice: «[Dios] enviará a su ángel delante de ti (…), que dará éxito a tu viaje» (Gn 24,7.40). Tobías, Lot y su familia, Daniel y sus compañeros, Judit, etc., experimentan la protección angélica. Los Salmos proclaman la confianza en los ángeles (cfr Sal 34,8; 91,11-12), así como la permanente ayuda que dispensan a los hombres por mandato de Dios. Deben ocupar, pues, un lugar en nuestra piedad personal de cristianos. «Pido al Señor que, durante nuestra permanencia en este suelo de aquí, no nos apartemos nunca del caminante divino. Para esto, aumentemos también nuestra amistad con los Santos Angeles Custodios. Todos necesitamos mucha compañía: compañía del Cielo y de la tierra. ¡Sed devotos de los Santos Angeles!» (S. Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, n. 315).
A continuación (vv. 26-33), presenta a los Apóstoles proclamando el núcleo de la doctrina cristiana incluso a los miembros del Sanedrín (cfr vv. 30-32). Piensan más en la salud espiritual de sus jueces que en sí mismos: «Dios ha permitido —comenta San Juan Crisóstomo— que los Apóstoles fueran llevados a juicio para que sus perseguidores fueran instruidos, si lo deseaban. (…) Los Apóstoles no se irritan ante los jueces sino que les ruegan compasivamente, vierten lágrimas, y sólo buscan el modo de librarles del error y de la cólera divina» (In Acta Apostolorum 13). La intervención de Gamaliel poco después (5,34-39) muestra que su actitud era la correcta.