COMENTARIO
San Esteban es el primer mártir cristiano. De aquí que Lucas le dé tanto relieve: de hecho narra su muerte (cfr 7,54-60) fijándose especialmente en el modo con que siguió a su Maestro, en las palabras y en las obras. Esteban tiene la sabiduría irresistible (v. 10) que Jesús había prometido a sus discípulos (cfr Lc 21,15). También, como Jesús (cfr Mt 26,57-68 y par.), es acusado de blasfemia —la acusación más grave que podía hacerse contra un judío— por medio de un falso testimonio (vv. 11-14). Más tarde, antes de su muerte, Esteban (7,55-56) contempla la visión del Hijo del Hombre triunfante; la misma que había profetizado Jesús (cfr Mt 26,64 y par.). Finalmente, lo mismo que Cristo (cfr Lc 23,34), perdona a quienes le dan muerte y se abandona al designio de Dios (7,59-60): «Así convenía que fuese el primer mártir de Cristo, para que por ser, con su gloriosa muerte, modelo de los mártires venideros, no sólo hiciese de pregonero de la pasión del Señor, sino que le imitase también en mansedumbre e inmensa paciencia» (S. Cipriano, De bono patientiae 16). Pero la imitación de Cristo y el testimonio sobre Él puede seguir muchos caminos: «Lo han imitado los santos mártires hasta el derramamiento de su sangre, hasta la semejanza con su pasión; lo han imitado los mártires, pero no sólo ellos. El puente no se ha derrumbado después de haber pasado ellos; la fuente no se ha secado después de haber bebido ellos. Tenedlo presente, hermanos: en el huerto del Señor no sólo hay las rosas de los mártires, sino también los lirios de las vírgenes y las yedras de los casados, así como las violetas de las viudas. Ningún hombre, cualquiera que sea su género de vida, ha de desesperar de su vocación: Cristo ha sufrido por todos» (S. Agustín, Sermones 304,2-3).
Con la expresión «sinagoga llamada de los libertos» (v. 9) parece que Lucas designa a aquellos judíos que procedían de regiones helenistas de la diáspora. Estos judíos son probablemente los mismos que poco después discutirán con Pablo y querrán matarle (9,29). Del mismo modo que ahora no pueden resistir la sabiduría de Esteban (v. 10), tampoco después podrán resistir la pujanza de la nueva fe.