COMENTARIO
Este Felipe no es el Apóstol (1,13) sino uno de los Siete, elegidos para la atención de los necesitados (6,5). El Evangelio rebasa las fronteras de Judea porque «en medio del infortunio, los cristianos continúan la predicación, en vez de descuidarla» (S. Juan Crisóstomo, In Acta Apostolorum 18). El éxito de la predicación en Samaría es la primera consecuencia de la persecución: «La religión fundada por el misterio de la Cruz de Cristo no puede ser destruida por ningún género de crueldad. No se disminuye la Iglesia por las persecuciones, antes al contrario, se aumenta. El campo del Señor se viste entonces con una cosecha más rica. Cuando los granos que caen mueren, nacen multiplicados» (S. León Magno, In natali Apostolorum Petri et Pauli 6).