COMENTARIO
El bautismo del funcionario etíope es un jalón relevante en la historia de la expansión del cristianismo. En el episodio se condensan los pasos de la actividad apostólica: el discípulo de Cristo, movido por el Espíritu (cfr vv. 29.39), obedece con prontitud a su mandato, predica con la Sagrada Escritura –como hizo Jesús con los discípulos de Emaús (Lc 24,27)– y administra el Bautismo.
Tras el mandato del ángel a Felipe, viene la presentación del funcionario. Etiopía indica el reino de Nubia, que se extendía al sur de Egipto, más allá de Asuán, la primera catarata del Nilo. Actualmente comprende parte de Sudán y Etiopía. Candace no era el nombre personal, sino el dinástico de las reinas de aquel país, que en ese tiempo era gobernado por mujeres (cfr Eusebio, Historia ecclesiastica 2,1,13). El término «eunuco», como su equivalente en hebreo, se utilizaba a menudo independientemente de su significado corporal, y podía ser aplicado a cualquier funcionario de la corte (cfr p. ej. Gn 39,1; 2 R 25,19). En este caso, el interlocutor de Felipe era un alto cargo, equivalente a ministro de finanzas. No sabemos si era judío de raza o prosélito —judío no de raza sino de religión—, o un «temeroso de Dios», pagano simpatizante de la religión judía. El libro del Deuteronomio (Dt 23,2) prescribía que ningún eunuco podía pertenecer a la asamblea del pueblo de Israel; en cambio, el libro de Isaías (Is 56,1-8) anunciaba que, en la salvación definitiva, Dios convocaría también a eunucos y extranjeros para su asamblea. Quizás esté aquí el sentido del pasaje: la salvación definitiva llega a los confines de la tierra (cfr 1,8), también a los que antes estaban excluidos de la asamblea del Señor.
Con el diálogo entre Felipe y el eunuco (vv. 30-35) se pone de manifiesto la importancia de la Sagrada Escritura para la evangelización. También señala la necesidad de una guía para su interpretación: «El mismo Nuevo Testamento se declara conforme al Antiguo Testamento, y proclama que en el misterio de la vida, muerte y resurrección de Cristo las Sagradas Escrituras del pueblo judío han encontrado su perfecto cumplimiento. Por otra parte, es necesario observar que el concepto de cumplimiento de las Escrituras es complejo, porque comporta una triple dimensión: un aspecto fundamental de continuidad con la revelación del Antiguo Testamento, un aspecto de ruptura y otro de cumplimiento y superación. (…) El misterio pascual de Cristo es plenamente conforme –de un modo que no era previsible– con las profecías y el carácter prefigurativo de las Escrituras; no obstante, presenta evidentes aspectos de discontinuidad respecto a las instituciones del Antiguo Testamento. Estas consideraciones muestran así la importancia insustituible del Antiguo Testamento para los cristianos y, al mismo tiempo, destacan la originalidad de la lectura cristológica. Desde los tiempos apostólicos y, después, en la Tradición viva, la Iglesia ha mostrado la unidad del plan divino en los dos Testamentos gracias a la tipología, que no tiene un carácter arbitrario sino que pertenece intrínsecamente a los acontecimientos narrados por el texto sagrado y por tanto afecta a toda la Escritura» (Benedicto XVI, Verbum Domini, nn. 40-41).
El v. 37, presente en la Vulgata, falta en algunos códices griegos y en las mejores versiones. Tal vez estuviera inspirado en una profesión de fe bautismal. Dice así: «Dijo Felipe: Si crees de todo corazón, es posible. Respondió él: Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios».