COMENTARIO
Jesús curó a un paralítico (Mt 9,1-8 y par.) mandándole que se levantara y tomara el lecho. Cristo lo hacía en nombre propio y perdonando los pecados como Dios. San Pedro, en cambio, lo hace en nombre de Jesús: «Es preciso predicar este nombre para que resplandezca y no quede oculto. Pero no debe ser predicado con el corazón impuro o la boca manchada, sino que hay que guardarlo y exponerlo en un vaso elegido» (S. Bernardino de Siena, Sermones 49,2).