COMENTARIO
Jope (v. 36) es la actual Jaffa o Yaffo, pueblo con un pequeño puerto pesquero. Hoy ha sido englobada en el ensanche del casco urbano de Tel-Aviv. Cesarea la Marítima —distinta de Cesarea de Filipo (Mt 16,13 y par.)— estaba en la costa del Mediterráneo, al norte de Jope, y era la ciudad residencial del Prefecto romano de Judea. El oficio de curtidor (v. 43) era considerado por los judíos observantes una actividad impura, por el contacto que exigía con cuerpos muertos (cfr Lv 11,39).
El milagro (vv. 36-41) es un signo visible para despertar la fe en quienes lo presencian con buena disposición y deseo de creer (v. 42), pero, en este caso, no deja de ser un bello ejemplo de la recompensa que se obtiene por las obras de piedad: «En los Hechos de los Apóstoles —escribe San Cipriano— está claro que las limosnas no sólo nos libran de la muerte espiritual, sino de la temporal. Habiendo enfermado y muerto Tabita, que hacía muchísimas buenas obras y limosnas, fue llamado Pedro. Y apenas se presentó, con toda la diligencia de su caridad apostólica, le rodearon las viudas con lágrimas y súplicas (…), rogando por la difunta más con sus gestos que con sus palabras. Creyó Pedro que podía lograrse lo que pedían de manera tan insistente y que no faltaría el auxilio de Cristo a las súplicas de los pobres (…). No dejó, en efecto, de prestar su auxilio a Pedro, al que le había dicho en el Evangelio que se concedería todo lo que se pidiera en su nombre. Por tal causa se interrumpe la muerte y la mujer vuelve a la vida, y con admiración de todos se reanima, retornando a la luz del mundo el cuerpo resucitado. Tanto pudieron las obras de misericordia, tanto poder ejercieron las obras buenas» (De opere et eleemosynis 6).