COMENTARIO

 Hch 12,20-23 

La muerte de Herodes Agripa I debió de ocurrir en Cesarea, el año 44, durante los juegos en honor de Claudio. La breve descripción de San Lucas coincide con la de Flavio Josefo, que ofrece más detalles: «Cuando el rey, al amanecer del segundo día, se dirigió al teatro —escribe el historiador judío—, y los rayos del sol dieron en su vestido de plata e hicieron brillar su figura con espléndido fulgor, los aduladores le aclamaron, le llamaron dios y dijeron: “Sénos propicio. Aunque hasta ahora te hemos considerado como hombre, en adelante queremos venerar en ti algo superior a una naturaleza mortal”. El rey aceptó en silencio esta adulación blasfema. Pero acto seguido sus entrañas fueron despedazadas por terribles dolores y murió al cabo de cinco días» (Antiquitates iudaicae 19,344-345). El doloroso e inesperado final del rey perseguidor de la Iglesia recuerda la muerte de Antíoco IV Epífanes, otro enemigo declarado de los elegidos de Dios y de la Ley divina a quien «el Señor que lo ve todo, el Dios de Israel, le golpeó con una herida incurable» (2 M 9,5).

Volver a Hch 12,20-23