COMENTARIO

 Hch 14,8-18 

El relato de la actividad de Pablo en Listra guarda ciertas semejanzas con la actividad de Pedro. También Pedro curó a un cojo (3,1-10) y también Pedro (10,26), como ahora Pablo (v. 15), tuvo que aclararle a Cornelio que era un simple hombre. Los Santos Padres no dejaron de señalar el significado de este paralelismo: «Así como el hombre cojo curado por Pedro y Juan en la puerta del Templo prefigura la salvación de los judíos, también este tullido licaonio representa a los pueblos gentiles alejados de la religión de la Ley y del Templo, pero recogidos ahora por la predicación del apóstol Pablo» (S. Beda, Expositio Actuum Apostolorum, ad loc.).

Por lo demás, el relato muestra muy certeramente la dimensión natural de la religión, que está a la espera de ser completada con la revelación: «Ya desde la antigüedad y hasta nuestros días se encuentra en los diversos pueblos una cierta percepción de aquella fuerza misteriosa que se halla presente en la marcha de las cosas y en los acontecimientos de la vida humana y a veces también el reconocimiento de la Suma Divinidad e incluso del Padre. Esta percepción y conocimiento penetra toda su vida con íntimo sentido religioso» (Conc. Vaticano II, Nostra aetate, n. 2). El pasaje muestra también la dificultad (cfr v. 18) que tuvieron que vencer los primeros cristianos para preservar la pureza de la fe frente a la idolatría: «Los mismos santos y los hombres se niegan a apropiarse estos honores exclusivos de Dios. Así hicieron Pablo y Bernabé, cuando los habitantes de Licaonia, después de haber visto los milagros que hicieron, quisieron ofrecerles sacrificios como a dioses; pero ellos, rasgando sus vestiduras, proclamaron y les persuadieron que no eran dioses, y, de esta forma, impidieron que les fueran ofrecidos sacrificios. Pero una cosa es lo que enseñamos, y otra lo que soportamos; una cosa es lo que mandamos hacer, y otra lo que queremos corregir, y así, mientras vamos buscando la corrección más adecuada, tenemos que tolerar muchas cosas» (S. Agustín, Contra Faustum 20,21).

Volver a Hch 14,8-18