Evangelización en Iconio y posterior persecución

14Hch1En Iconio entraron, como de costumbre, en la sinagoga de los judíos y hablaron de tal manera que creyó una gran muchedumbre de judíos y griegos. 2Pero los judíos incrédulos excitaron y malearon los ánimos de los gentiles contra los hermanos. 3Permanecieron bastante tiempo, actuando con valentía en el Señor, que les concedía obrar por sus manos milagros y prodigios, acreditando así la predicación de su gracia. 4La muchedumbre de la ciudad se dividió: unos a favor de los judíos, otros a favor de los apóstoles. 5Como se produjo un violento movimiento de gentiles y de judíos, con sus jefes, para injuriarlos y apedrearlos, 6al enterarse, huyeron a Listra y Derbe, ciudades de Licaonia, y a la región de alrededor. 7Y allí anunciaban el Evangelio.

Curación de un cojo en Listra

8En Listra se hallaba sentado un hombre inválido de los pies, cojo desde el seno materno, que jamás había caminado. 9Éste escuchó hablar a Pablo, el cual lo miró fijamente y, viendo que tenía fe para ser salvado, 10dijo con fuerte voz:

—¡Ponte de pie! ¡Derecho!

Él dio un salto y empezó a caminar. 11La muchedumbre, al ver lo que Pablo había hecho, levantó la voz diciendo en licaónico:

—Los dioses han bajado hasta nosotros en forma humana.

12Y llamaban a Bernabé Zeus y Hermes a Pablo, porque éste era el que llevaba la palabra.

13Entonces el sacerdote del templo de Zeus que estaba situado a la entrada de la ciudad, acompañado de la gente, trajo toros y guirnaldas ante las puertas y pretendía ofrecerles un sacrificio. 14Cuando los apóstoles Bernabé y Pablo lo oyeron, se rasgaron la ropa y corrieron hacia la multitud 15diciendo a voces:

—¡Hombres!, ¿qué es lo que hacen? También nosotros somos hombres mortales como ustedes y les predicamos que se conviertan de estas cosas falsas al Dios vivo, el que hizo el cielo y la tierra y el mar y cuanto hay en ellos; 16que en las generaciones pasadas permitió que cada nación siguiera su propio camino; 17aunque Él no ha dejado de dar testimonio de Sí mismo, derramando bienes al enviarles desde el cielo lluvias y estaciones repletas de fruto, y llenándoles de alimento y de alegría el corazón.

18Con estas palabras, a duras penas disuadieron a la multitud de ofrecerles sacrificios.

Lapidación de San Pablo

19Vinieron entonces de Antioquía y de Iconio unos judíos que sedujeron a la muchedumbre, de modo que apedrearon a Pablo y lo arrastraron fuera de la ciudad creyéndolo muerto. 20Pero rodeado de los discípulos se levantó y entró en la ciudad. Y al día siguiente marchó con Bernabé a Derbe.

Regreso hacia Antioquía

21Después de predicar el Evangelio en aquella ciudad y hacer numerosos discípulos, se volvieron a Listra, Iconio y Antioquía, 22confortando los ánimos de los discípulos y exhortándolos a perseverar en la fe, diciéndoles que es preciso que entremos en el Reino de Dios a través de muchas tribulaciones. 23Tras designar presbíteros en cada iglesia, haciendo oración y ayunando, les encomendaron al Señor, en quien habían creído. 24Atravesaron Pisidia y llegaron a Panfilia; 25y después de predicar la palabra en Perge bajaron hasta Atalía. 26Desde allí navegaron hasta Antioquía, de donde habían salido encomendados a la gracia de Dios para la obra que habían realizado.

27Al llegar, reunieron a la iglesia y contaron todo lo que el Señor había hecho por mediación de ellos y cómo había abierto a los gentiles la puerta de la fe. 28Se quedaron bastante tiempo con los discípulos.

IX. CONCILIO DE JERUSALÉN

Conflicto con los judaizantes en Antioquía

15Hch1Algunos que bajaron de Judea enseñaban a los hermanos:

—Si no se circuncidan según la costumbre mosaica no pueden salvarse.

2Se produjo entonces una conmoción y controversia no pequeña de Pablo y Bernabé contra ellos. Decidieron que Pablo y Bernabé, con algunos otros, acudieran a los apóstoles y presbíteros de Jerusalén, para tratar esta cuestión.

San Pablo y San Bernabé van a Jerusalén

3Así pues, ellos, enviados por la Iglesia, atravesaron Fenicia y Samaría, narrando detalladamente la conversión de los gentiles y causando gran alegría a todos los hermanos. 4Cuando llegaron a Jerusalén fueron recibidos por la Iglesia, por los apóstoles y los presbíteros, y contaron lo que Dios había realizado por mediación de ellos. 5Pero se levantaron algunos de la secta de los fariseos que habían creído y dijeron:

Es necesario circuncidarlos y ordenar que cumplan la Ley de Moisés.

Discurso de San Pedro al Concilio

6Los apóstoles y los presbíteros se reunieron para examinar esta cuestión. 7Después de una larga deliberación se levantó Pedro y les dijo:

—Hermanos, ustedes saben que desde los primeros días Dios me eligió entre ustedes para que por mi boca oyesen los gentiles la palabra del Evangelio y creyeran. 8Y Dios, que conoce los corazones, dio testimonio a favor de ellos, dándoles el Espíritu Santo igual que a nosotros; 9y no hizo distinción alguna entre ellos y nosotros, purificando sus corazones con la fe. 10¿Por qué tientan ahora a Dios imponiendo sobre los hombros de los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros pudimos llevar? 11Nosotros, por el contrario, creemos que somos salvados por la gracia del Señor Jesús, de la misma manera que ellos.

Intervención de Santiago

12Toda la multitud calló y escucharon a Bernabé y a Pablo contar los milagros y prodigios que había obrado Dios por medio de ellos entre los gentiles. 13Cuando terminaron de hablar, Santiago contestó:

—Hermanos, óiganme: 14Simón ha contado cómo desde el principio Dios se dignó elegir entre los gentiles un pueblo para su Nombre. 15Con esto concuerdan las palabras de los Profetas, según está escrito:

16Después de esto volveré

y reedificaré la tienda caída de David,

reconstruiré sus ruinas y la levantaré de nuevo,

17para que busquen al Señor los demás hombres

y todas las naciones sobre las que ha sido

invocado mi Nombre.

Así dice el Señor, que hace estas cosas

18conocidas desde la eternidad.

19»Por lo cual estimo que no se debe inquietar más a los gentiles que se convierten a Dios, 20sino que se les escriba para que se abstengan de lo contaminado por los ídolos, de la fornicación, de los animales estrangulados y de la sangre; 21porque desde generaciones antiguas Moisés tiene en cada ciudad quienes le predican en las sinagogas cuando le leen todos los sábados.

Resolución del Concilio

22Entonces les pareció bien a los apóstoles y a los presbíteros, y a toda la Iglesia, enviar a Antioquía con Pablo y Bernabé a algunos varones elegidos de entre ellos: a Judas, llamado Barsabás, y a Silas, destacados entre los hermanos. 23Con ellos les enviaron este escrito:

«Los apóstoles y los presbíteros hermanos, a los hermanos de la gentilidad que viven en Antioquía, Siria y Cilicia: saludos. 24Puesto que hemos oído que algunos salidos de entre nosotros —pero que nosotros no hemos enviado— se han desconcertado con sus palabras y se han llenado de inquietud, 25unánimemente nos ha parecido oportuno elegir a unos hombres y enviarlos donde ustedes en compañía de nuestros queridísimos Bernabé y Pablo, 26hombres que han entregado su vida por el nombre de nuestro Señor Jesucristo. 27Enviamos por lo tanto a Judas y Silas, que les comunicarán de palabra estas mismas cosas; 28porque hemos decidido el Espíritu Santo y nosotros no imponerles más cargas que las necesarias: 29abstenerse de lo sacrificado a los ídolos, de la sangre, de los animales estrangulados y de la fornicación. Obrarán bien al guardarse de estas cosas. Que tengan salud».

Efectos del decreto

30Ellos, después de despedirse, bajaron a Antioquía, reunieron a la muchedumbre y entregaron la carta; 31y al leerla se llenaron de alegría por estas palabras de consuelo. 32Judas y Silas, que también eran profetas, alentaron y confortaron a los hermanos con un largo discurso. 33Pasado algún tiempo, fueron despedidos en paz por los hermanos, para volver a quienes les habían enviado. (34)

35Pablo y Bernabé se quedaron en Antioquía enseñando y anunciando, con otros muchos, la palabra del Señor.

X. SEGUNDO VIAJE APOSTÓLICO DE SAN PABLO

Silas, compañero de San Pablo

36Algunos días después le dijo Pablo a Bernabé:

—Volvamos a visitar a los hermanos en todas las ciudades donde hemos predicado la palabra del Señor, para ver cómo se encuentran. 37Bernabé quería llevar consigo también a Juan, llamado Marcos. 38Pablo, en cambio, consideraba que no debían llevar consigo al que se había apartado de ellos en Panfilia y no les había acompañado en la tarea. 39Se produjo una discrepancia, de tal modo que se separaron uno del otro. Bernabé se llevó a Marcos y se embarcó para Chipre, 40mientras que Pablo eligió a Silas y partió encomendado por los hermanos a la gracia del Señor. 41Recorrió Siria y Cilicia consolidando las iglesias.

Timoteo acompaña a San Pablo

16Hch1Llegó a Derbe y Listra, donde había un discípulo que se llamaba Timoteo, hijo de mujer judía creyente y de padre griego, 2que contaba con el testimonio de los hermanos de Listra e Iconio. 3Pablo quiso que marchara con él. Se lo trajo y lo circuncidó a causa de los judíos de aquellos lugares, porque todos sabían que su padre era griego.

Visita a las iglesias de Asia

4Conforme atravesaban las ciudades, les entregaban, para que las observasen, las decisiones dictadas por los apóstoles y los presbíteros de Jerusalén. 5Las iglesias se robustecían en la fe y aumentaban en número día a día.

6Atravesaron Frigia y la región de Galacia, porque el Espíritu Santo les había impedido predicar la palabra en Asia. 7Llegados cerca de Misia, intentaron ir a Bitinia, pero el Espíritu de Jesús no se lo permitió. 8Entonces atravesaron Misia y bajaron hasta Tróade. 9Esa noche Pablo tuvo una visión: un macedonio estaba de pie y le suplicaba diciendo: «Ven a Macedonia y ayúdanos». 10En cuanto tuvo la visión, intentamos inmediatamente pasar a Macedonia, convencidos de que Dios nos había llamado para anunciarles el Evangelio.

Paso a Macedonia

11Haciéndonos a la mar, fuimos desde Tróade derechos a Samotracia; al día siguiente a Neápolis, 12y de allí a Filipos, que es la primera ciudad de la región de Macedonia y colonia romana. En esta ciudad permanecimos varios días.

Conversión de Lidia

13El sábado salimos fuera de la puerta de la ciudad, junto al río, donde pensábamos que se tendría la oración. Nos sentamos y hablamos a las mujeres que se habían reunido. 14Una de ellas, llamada Lidia, vendedora de púrpura de la ciudad de Tiatira y temerosa de Dios, nos escuchaba. El Señor abrió su corazón para que comprendiese lo que Pablo decía. 15Después de haber sido bautizada ella, y su casa, nos insistía:

—Si juzgan que soy fiel al Señor, vengan y quédense en mi casa —y nos obligó.

Curación de una endemoniada y encarcelamiento de San Pablo

16Mientras íbamos a la oración nos salió al encuentro una joven esclava que tenía un espíritu pitónico y proporcionaba como adivina abundantes ganancias a sus amos. 17Siguiéndonos a Pablo y a nosotros gritaba:

—¡Estos hombres son siervos del Dios Altísimo y les anuncian el camino de la salvación!

18Repetía esto muchos días hasta que Pablo, enfadado, se volvió y le dijo al espíritu:

—¡En nombre de Jesucristo te mando que salgas de ella!

Y en ese mismo instante salió. 19Al ver sus amos que había desaparecido la esperanza de su ganancia se apoderaron de Pablo y de Silas y los arrastraron al foro ante los magistrados. 20Los presentaron a los pretores y dijeron:

—Estos hombres perturban nuestra ciudad. Son judíos 21y predican costumbres que a nosotros los romanos no nos es lícito aceptar ni practicar.

22La multitud se alborotó contra ellos y los pretores les hicieron quitarse la ropa y mandaron azotarlos. 23Después de haberles dado numerosos azotes, los arrojaron en la cárcel y ordenaron al carcelero custodiarlos con todo cuidado. 24Éste, recibida la orden, los metió en el calabozo interior y les sujetó los pies al cepo.

Bautismo del carcelero

25A eso de la medianoche Pablo y Silas se pusieron a orar y a entonar alabanzas a Dios, mientras los presos los escuchaban. 26De repente se produjo un terremoto tan fuerte, que se conmovieron los cimientos de la cárcel, e inmediatamente se abrieron todas las puertas y se soltaron las cadenas de todos. 27Se despertó el jefe de la prisión, y al ver abiertas las puertas de la cárcel sacó la espada y quería matarse pensando que los presos se habían fugado. 28Pero Pablo le gritó con fuerte voz:

—¡No te hagas ningún daño, que estamos todos aquí!

29El jefe de la prisión pidió una luz, entró precipitadamente y temblando se arrojó ante Pablo y Silas. 30Los sacó fuera y les dijo:

—Señores, ¿qué debo hacer para salvarme?

31Ellos le contestaron:

—Cree en el Señor Jesús y te salvarás tú y tu casa.

32Le predicaron entonces la palabra del Señor a él y a todos los de su casa. 33En aquella hora de la noche los tomó consigo, les lavó las heridas y acto seguido se bautizaron él y todos los suyos. 34Los hizo subir a su casa, les preparó la mesa y se regocijó con toda su familia por haber creído en Dios.

Liberación y salida de Filipos

35Al hacerse de día los pretores enviaron a los lictores para decirle:

—Pon en libertad a esos hombres.

36El guardián de la cárcel se lo comunicó a Pablo:

—Los pretores han dado orden de que se les ponga en libertad. Salgan, pues, ahora y marchen en paz.

37Pero Pablo les replicó:

—Después de azotarnos públicamente sin previa condena siendo ciudadanos romanos, nos han metido en la cárcel, ¿y nos sueltan ahora a escondidas? Esto no va a ser así. Que vengan ellos a sacarnos.

38Los lictores comunicaron estas palabras a los pretores. Al oír que eran ciudadanos romanos les entró miedo. 39Vinieron entonces y les pidieron disculpas, los sacaron fuera y les rogaron que abandonaran la ciudad. 40Al salir de la cárcel, fueron a casa de Lidia y, después de haber visto a los hermanos, los exhortaron y se marcharon.

En Tesalónica, dificultades con los judíos

17Hch1Después de atravesar Anfípolis y Apolonia, llegaron a Tesalónica, donde había una sinagoga de los judíos. 2Como era su costumbre, Pablo se dirigió a ellos y durante tres sábados les estuvo argumentando con las Escrituras, 3explicando y probando que el Cristo debía padecer y resucitar de entre los muertos, y que: «Jesús, a quien yo les anuncio, ése es el Cristo». 4Algunos de ellos se convencieron y se adhirieron a Pablo y a Silas, así como un gran número de griegos que adoraban a Dios y no pocas mujeres de la nobleza. 5Pero los judíos, envidiosos, reunieron algunos maleantes de entre la plebe y, organizando un tumulto, soliviantaron la ciudad y se presentaron en casa de Jasón con la intención de llevarlos ante el pueblo. 6Al no encontrarlos, condujeron a Jasón y a algunos hermanos ante los magistrados de la ciudad gritando:

—Esos que han agitado a todo el mundo han venido también aquí, 7y Jasón los ha hospedado. Todos ellos actúan contra los decretos del César y dicen que hay otro rey, Jesús.

8Alborotaron a la multitud y a los magistrados que oían estas cosas. 9Pero, en cuanto recibieron una fianza de parte de Jasón y de los demás, los dejaron marchar.

Acogida en Berea

10Enseguida los hermanos enviaron por la noche a Pablo y a Silas hacia Berea. Ellos al llegar se dirigieron a la sinagoga de los judíos. 11Eran éstos más nobles que los de Tesalónica, y recibieron la palabra con muy buena disposición y examinaban diariamente las Escrituras para ver si las cosas eran así. 12Creyeron muchos de ellos, así como mujeres griegas distinguidas y no pocos hombres. 13Cuando los judíos de Tesalónica se enteraron de que también en Berea había anunciado Pablo la palabra de Dios, vinieron hasta allí agitando y alborotando a la gente. 14Entonces los hermanos enviaron con rapidez a Pablo hasta el mar. Silas y Timoteo permanecieron allí. 15Los que conducían a Pablo lo llevaron hasta Atenas, y se volvieron con la indicación, para Silas y Timoteo, de que se uniesen con él cuanto antes.

San Pablo en Atenas

16Mientras Pablo los esperaba en Atenas, se consumía en su interior al ver la ciudad llena de ídolos. 17Dialogaba en la sinagoga con los judíos y los prosélitos, y todos los días en el ágora con los que acudían allí. 18También algunos filósofos epicúreos y estoicos conversaban con él. Unos decían: «¿Qué querrá decir este charlatán?» Y otros: «Parece un predicador de divinidades extrañas» —porque les anunciaba a Jesús y la Resurrección—. 19Lo llevaron con ellos y lo condujeron al Areópago diciéndole:

—¿Podemos saber cuál es esa doctrina nueva de la que hablas? 20Porque haces llegar a nuestros oídos cosas extrañas y queremos saber qué significan.

21Todos los atenienses y forasteros que residían allí no se dedicaban a otra cosa que a decir o escuchar algo nuevo.

Discurso en el Areópago

22Entonces Pablo, de pie en medio del Areópago, habló:

—Atenienses, en todo veo que son más religiosos que nadie, 23porque al pasar y contemplar sus monumentos sagrados he encontrado también un altar en el que estaba escrito: «Al Dios desconocido». Pues bien, yo vengo a anunciarles lo que veneran sin conocer. 24El Dios que hizo el mundo y todo lo que hay en él, que es Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos fabricados por hombres, 25ni es servido por manos humanas como si necesitara de algo el que da a todos la vida, el aliento y todas las cosas. 26Él hizo, de un solo hombre, todo el linaje humano, para que habitase sobre toda la faz de la tierra. Y fijó las edades de su historia y los límites de los lugares en que los hombres habían de vivir, 27para que buscasen a Dios, a ver si al menos a tientas lo encontraban, aunque no está lejos de cada uno de nosotros, 28ya que en él vivimos, nos movemos y existimos, como han dicho algunos de sus poetas: «Porque somos también de su linaje». 29Si somos linaje de Dios no debemos pensar, por tanto, que la divinidad es semejante al oro, a la plata o a la piedra, escultura del arte y del ingenio humanos. 30Dios ha permitido los tiempos de la ignorancia y anuncia ahora a los hombres que todos en todas partes deben convertirse, 31puesto que ha fijado el día en que va a juzgar la tierra con justicia, por mediación del hombre que ha designado, presentando a todos un argumento digno de fe al resucitarlo de entre los muertos.

32Cuando oyeron lo de «resurrección de los muertos», unos se echaron a reír y otros dijeron:

—Te escucharemos sobre eso en otra ocasión.

33Así que Pablo salió de en medio de ellos. 34Pero algunos hombres se unieron a él y creyeron, entre ellos Dionisio el Areopagita, y también una mujer que se llamaba Dámaris, y varios más.

San Pablo en Corinto, con Aquila y Priscila

18Hch1Después de esto se fue de Atenas y llegó a Corinto. 2Encontró a un judío que se llamaba Aquila, oriundo del Ponto, que recientemente había llegado de Italia, con su mujer Priscila, por haber decretado Claudio que todos los judíos salieran de Roma. Se les acercó 3y, como tenía el mismo oficio, vivía y trabajaba con ellos, porque eran de profesión fabricantes de tiendas. 4Todos los sábados discutía en la sinagoga e intentaba convencer a judíos y griegos.

Predicación a judíos y gentiles

5Cuando Silas y Timoteo llegaron de Macedonia, Pablo se entregó de lleno a la predicación de la palabra, dando testimonio a los judíos de que Jesús es el Cristo. 6Como se le oponían y blasfemaban, sacudió sus vestidos y les dijo:

—¡Que caiga su sangre sobre nuestra cabeza! Yo soy inocente. Desde ahora me dirigiré a los gentiles.

7Salió de allí y entró donde vivía un prosélito que se llamaba Tito Justo, cuya casa estaba contigua a la sinagoga. 8Crispo, jefe de la sinagoga, creyó en el Señor con toda su casa. Y muchos corintios al oír a Pablo creían y recibían el bautismo.

9Por la noche el Señor le dijo a Pablo en una visión:

—No tengas miedo, sigue hablando y no calles, 10que yo estoy contigo y nadie se te acercará para hacerte daño; porque tengo en esta ciudad un pueblo numeroso.

11Permaneció allí un año y seis meses enseñando entre ellos la palabra de Dios.

San Pablo ante Galión

12Galión era procónsul de Acaya cuando los judíos se amotinaron todos a una contra Pablo y lo condujeron al tribunal 13diciendo:

—Éste induce a los hombres a dar culto a Dios al margen de la Ley.

14Cuando Pablo se disponía a hablar, les dijo Galión a los judíos:

—Judíos, si se tratara de un delito o de un grave crimen, sería razonable que los atendiera, 15pero si son cuestiones de palabras y de nombres y de su Ley, se lo solucionan ustedes; yo no quiero ser juez de esos asuntos.

16Y los expulsó del tribunal. 17Entonces todos ellos agarraron a Sóstenes, el jefe de la sinagoga, y comenzaron a golpearlo delante del tribunal, pero nada de esto le importaba a Galión.

Regreso a Antioquía pasando por Éfeso

18Después de permanecer allí bastante tiempo, Pablo se despidió de los hermanos y embarcó rumbo a Siria. Iban con él Priscila y Aquila. Se había rapado la cabeza en Céncreas porque había hecho un voto. 19Llegaron a Éfeso y los dejó allí. Él entró en la sinagoga y empezó a dialogar con los judíos. 20Le rogaban que se quedara más tiempo pero no accedió, 21sino que se despidió y dijo:

—Volveré de nuevo a ustedes si Dios quiere.

Y zarpó de Éfeso. 22Desembarcó en Cesarea y, después de subir y saludar a la iglesia, bajó a Antioquía.

XI. TERCER VIAJE APOSTÓLICO DE SAN PABLO

Comienzo por Galacia y Frigia

23Pasó allí algún tiempo y marchó recorriendo una tras otra las regiones de Galacia y Frigia, confortando a todos los discípulos.

Apolo en Éfeso y Corinto

24Un judío que se llamaba Apolo, de origen alejandrino, hombre elocuente y muy versado en las Escrituras, llegó a Éfeso. 25Había sido instruido en el Camino del Señor. Hablaba con fervor de espíritu y enseñaba con esmero lo referente a Jesús, aunque sólo conocía el bautismo de Juan. 26Comenzó a hablar con libertad en la sinagoga. Al oírle Priscila y Aquila lo tomaron consigo y le expusieron con más exactitud el camino de Dios. 27Como deseaba pasar a Acaya, los hermanos lo animaron y escribieron a los discípulos para que lo recibieran. Cuando llegó fue de gran provecho, con la gracia divina, para los que habían creído, 28pues refutaba vigorosamente en público a los judíos, demostrando por las Escrituras que Jesús es el Cristo.

Discípulos de San Juan Bautista en Éfeso

19Hch1Mientras Apolo estaba en Corinto, Pablo recorrió las regiones altas y llegó a Éfeso. Encontró a algunos discípulos 2y les preguntó:

—¿Han recibido el Espíritu Santo al abrazar la fe?

—Ni siquiera hemos oído que haya Espíritu Santo —le respondieron.

3Él les replicó:

—¿Entonces con qué bautismo han sido bautizados?

—Con el bautismo de Juan —dijeron.

4Pablo contestó:

—Juan bautizó con un bautismo de penitencia diciendo al pueblo que creyeran en el que iba a venir detrás de él, es decir, en Jesús.

5Cuando oyeron esto se bautizaron en el nombre del Señor Jesús. 6Al imponerles Pablo las manos, vino el Espíritu Santo sobre ellos, de modo que hablaban en lenguas y profetizaban. 7Eran entre todos unos doce hombres.

Predicación y milagros de San Pablo en Éfeso

8Entró en la sinagoga y habló abiertamente durante tres meses, exponiendo lo referente al Reino de Dios y tratando de convencerlos. 9Pero como algunos se endurecieron y no creyeron y maldecían el Camino ante la multitud, se apartó de ellos y se separó con los discípulos, enseñando todos los días en la escuela de Tirano.

10Esto duró dos años, de forma que todos los habitantes de Asia, judíos y griegos, oyeron la palabra del Señor. 11Dios obraba por manos de Pablo milagros nada corrientes, 12de manera que hasta los pañuelos y las ropas que habían tocado su cuerpo, aplicados a los enfermos, hacían desaparecer las dolencias y expulsaban los espíritus malignos.

13Algunos exorcistas ambulantes judíos intentaron invocar el nombre del Señor Jesús sobre quienes tenían espíritus malos diciendo:

—Los conjuro por ese Jesús que Pablo predica.

14Hacían esto siete hijos de un tal Esceva, de la aristocracia sacerdotal judía. 15Pero el espíritu maligno les replicó:

—Conozco a Jesús y sé quién es Pablo, pero ustedes ¿quiénes son?

16Y el hombre en quien estaba el espíritu maligno, abalanzándose sobre ellos, dominó a unos y otros y pudo con todos, de tal forma que huyeron de aquella casa desnudos y heridos.

Quema de libros mágicos

17Todos los judíos y griegos que vivían en Éfeso se enteraron de esto; el temor se apoderó de todos y fue ensalzado el nombre del Señor Jesús. 18Muchos de los que habían creído venían para confesar y manifestar sus prácticas supersticiosas. 19Bastantes de los que cultivaban la magia trajeron sus libros y los quemaron delante de todos. Calcularon su valor y resultó ser de cincuenta mil monedas de plata. 20Y así la palabra del Señor se propagaba con fuerza y se robustecía.

Proyectos de viaje de San Pablo

21Después de esto tuvo Pablo la inspiración de ir a Jerusalén a través de Macedonia y Acaya, y decía:

—Después de ir allí debo ver también Roma.

22Envió a Macedonia a dos de sus colaboradores, Timoteo y Erasto, y él permaneció algún tiempo en Asia.

Motín de los plateros de Éfeso

23Se produjo en aquella ocasión un alboroto no pequeño contra el Camino, 24pues cierto platero llamado Demetrio, que fabricaba reproducciones en plata del templo de Artemisa y proporcionaba a los orfebres abundantes ganancias, 25después de reunir a éstos y a los que eran del mismo oficio, dijo:

—Amigos, saben que nuestro bienestar viene de este trabajo, 26y están viendo y oyendo que no sólo en Éfeso, sino en casi toda Asia, este Pablo ha apartado a mucha gente convenciéndolos de que no son dioses los que se fabrican con las manos. 27Con esto no sólo hay peligro de que caiga en descrédito nuestra profesión, sino también de que el templo de la gran diosa Artemisa sea tenido en nada y vaya a ser despojada de su majestad aquella a quien toda Asia y la tierra entera veneran.

28Al oír esto comenzaron a gritar llenos de furia:

—¡Grande es la Artemisa de los efesios!

29La ciudad se llenó de confusión y todos a una se precipitaron hacia el teatro, arrastrando a los macedonios Gayo y Aristarco, compañeros de viaje de Pablo. 30Éste quiso presentarse al pueblo, pero los discípulos no se lo permitieron; 31e incluso algunos asiarcas que eran amigos enviaron a rogarle que no se arriesgase a ir al teatro.

32Unos gritaban una cosa y otros, otra. Estaba la asamblea confusa y la mayoría no sabía por qué se habían reunido.

33Hicieron salir entonces a Alejandro de entre la multitud, empujado por los judíos. Alejandro pidió silencio con la mano, para dar explicaciones a la gente; 34pero cuando supieron que era judío, todos a la vez gritaron durante unas dos horas:

—¡Grande es la Artemisa de los efesios!

35Cuando el magistrado calmó a la turba, dijo:

—Efesios, ¿qué hombre hay que no sepa que la ciudad de Éfeso es la guardiana del templo de la gran Artemisa y de su estatua bajada del cielo? 36Como esto es indiscutible, conviene que estén tranquilos y no hagan nada precipitadamente, 37pues han traído a estos hombres que no son sacrílegos ni blasfemos contra nuestra diosa. 38Si Demetrio y los orfebres que están con él tienen queja contra alguno, audiencias y procónsules hay: que presenten sus acusaciones unos y otros. 39Y si pretenden algo más, debe resolverse en asamblea legal, 40porque corremos el peligro de ser acusados de sedición por lo de hoy, al no haber ninguna causa por la que podamos justificar este tumulto.

Dicho esto, hizo disolver la asamblea.