COMENTARIO
Lucas conserva tres acontecimientos importantes relacionados con el tema planteado: el discurso de Pedro (vv. 7-11), el de Santiago (15,13-21) y el decreto que se envía a las iglesias (15,23-29). El discurso de Pedro, aunque breve, es determinante. Fundado en lo que Dios le ha hecho comprender con motivo del bautismo de Cornelio (cfr 10,1ss.), Pedro resume las discusiones de la larga deliberación (v. 7) y presenta una tesis que coincide con la de Pablo y Bernabé: no salva la Ley sino la gracia, y por lo tanto la circuncisión y la Ley misma han quedado superadas por la fe en Jesucristo (v. 11): «Nadie puede santificarse después del pecado —dice Santo Tomás de Aquino— si no es por Cristo (…). Como los antiguos padres se salvaron por la fe de Cristo que había de venir, así nosotros nos salvamos por la fe de Cristo que nació y padeció» (Summa theologiae 3,61,3 y 4).
Una vez más, Pedro es factor decisivo en la unidad de la Iglesia. No sólo actúa como unificador de las diversas posturas que buscan la verdad, sino que señala también con su palabra el lugar donde la verdad se encuentra. Se considera que esta reunión —probablemente celebrada el año 49 ó 50— es el primer concilio general de la Iglesia, como el prototipo de la serie a la que se han sumado los demás concilios ecuménicos: «¿Quién ignora que las llaves del reino de los cielos fueron entregadas a Pedro? ¿Acaso no se edifica toda la Iglesia sobre la fe y la doctrina de Pedro, hasta que lleguemos todos al hombre perfecto en la unidad en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios? Es necesario, sin duda, que sean muchos los que planten, muchos los que rieguen, pues lo exige el avance de la predicación y el crecimiento de los pueblos. (…) Sea quien fuere el que planta y el que riega, Dios no da crecimiento sino a aquel que planta y riega sobre la fe de Pedro y sigue su doctrina» (Sto. Tomás Becket, Epistulae 74).