COMENTARIO

 Hch 16,1-3 

San Pablo toma ahora a Timoteo, que tanto le ayudó después en su apostolado (cfr 17,14ss.; 18,5; 19,22; 20,4; etc.) y al que dirigió las dos cartas pastorales que formarían parte del canon de la Escritura del Nuevo Testamento. La madre de Timoteo, Eunice, y su abuela Loide (cfr 2 Tm 1,5) eran cristianas y de ellas había recibido la fe. Como explica San Lucas (v. 3), Pablo lo hizo circuncidar por un motivo de prudencia pastoral: «Tomó a Timoteo y lo circuncidó. No sin deliberación lo hizo Pablo, que todo lo tuvo en cuenta para actuar prudentemente; pero dado que Timoteo se disponía a predicar el Evangelio por todas partes a judíos, y para evitar que a causa de su no circuncisión despreciaran su palabra, se decidió a circuncidarlo. No actuó así para confirmar la circuncisión —precisamente él, que la había eliminado—, sino para no perjudicar su Evangelio» (S. Efrén, Commentarii in Acta, ad loc.).

Volver a Hch 16,1-3