COMENTARIO

 Hch 16,4-10 

El primer sumario (vv. 4-5) permite suponer que las decisiones de la asamblea de Jerusalén fueron recibidas por los cristianos con espíritu de obediencia y alegría. Venían de la iglesia madre, de los Apóstoles, y expresaban la respuesta eficaz a una cuestión delicada.

Nada más comenzar esta evangelización, es de nuevo el Espíritu Santo, llamado aquí Espíritu de Jesús (v. 7), quien la dirige: «Apenas hay una página de los Hechos de los Apóstoles en la que no se nos hable de Él y de la acción por la que guía, dirige y anima la vida y las obras de la primitiva comunidad cristiana: Él es quien inspira la predicación de San Pedro (cfr 4,8), quien confirma en su fe a los discípulos (cfr 4,31), quien sella con su presencia la llamada dirigida a los gentiles (cfr 10,44-47), quien envía a Saulo y a Bernabé hacia tierras lejanas para abrir nuevos caminos a la enseñanza de Jesús (cfr 13,2-4). En una palabra, su presencia y su actuación lo dominan todo» (S. Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, n. 127).

«Asia» (v. 6) era el nombre de la provincia romana cuya capital era Éfeso. «Macedonia» (v. 9) se considera la puerta de Europa. Por eso, los sucesos narrados aquí muestran la providencia extraordinaria de Dios para que el Evangelio se propagara por este continente: «No cabe duda de que, en la compleja historia de Europa, el cristianismo representa un elemento central y determinante. (…) La fe cristiana ha plasmado la cultura del continente y se ha entrelazado indisolublemente con su historia. (…) El camino hacia el futuro no puede relegar este dato, y los cristianos están llamados a tomar una renovada conciencia de todo ello para mostrar sus capacidades permanentes. Tienen el deber de dar una contribución específica a la construcción de Europa, que será tanto más válida y eficaz cuanto más capaces sean de renovarse a la luz del Evangelio. De este modo se harán continuadores de esa larga historia de santidad que ha impregnado las diversas regiones de Europa en el curso de estos dos milenios» (S. Juan Pablo II, Carta para la proclamación de Santa Brígida de Suecia, Santa Catalina de Siena y Santa Teresa Benedicta de la Cruz copatronas de Europa).

En el v. 10 ha comenzado Lucas a escribir en primera persona del plural, dando a entender que él era compañero de Pablo en aquel viaje (cfr 16,10-17; 20,5-25; 21,1-18; 27,1-28,16). Lucas debió de sumarse a los misioneros en Tróade y quedarse luego en Filipos.

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