COMENTARIO
La acción de Pablo al invocar su condición de ciudadano romano y ejercer su derecho, pone de manifiesto también que los cristianos, por ser tales, no renuncian a su condición ciudadana. La pena de azotes, prohibida para ciudadanos romanos en el derecho antiguo, se les podía aplicar, sin embargo, a comienzos del Imperio; pero hacía falta en cualquier caso un juicio previo condenatorio. Los «pretores» eran magistrados del Imperio que ejercían jurisdicción en Roma o en las provincias. Los «lictores» eran oficiales de justicia que precedían, portando las insignias imperiales, a altos magistrados. La admiración temerosa de los pretores refleja la situación jurídica de esa época. La condición de ciudadano romano era un privilegio reservado a pocos, y el trato a romanos era estrictamente vigilado por las autoridades provinciales.