COMENTARIO

 Hch 17,1-9 

Tesalónica era la sede del gobernador romano de la provincia de Macedonia. Distaba de Filipos unos 150 km Fundada en el siglo IV a.C. y declarada ciudad libre por Augusto en el año 42 a.C., poseía una colonia judía, como muestra la existencia de una sinagoga. La estancia de Pablo en Tesalónica debió de durar bastantes semanas. En este tiempo recibió algunos donativos de los cristianos de Filipos (cfr Flp 4,16) y hubo de trabajar para ganarse el sustento (cfr 1 Ts 2,9). Fue un período de dificultades (cfr vv. 5-8) y alegrías (cfr v. 4), que Pablo recordará más tarde en sus cartas a los tesalonicences (cfr 1 Ts 2,1-12; 2 Ts 3,7-8).

San Lucas denomina politarcas a los magistrados de Tesalónica (v. 6). La exactitud de este nombre ha sido confirmada por inscripciones descubiertas recientemente. Tesalónica tenía, como «ciudad libre», una asamblea popular ante la que debían presentarse las denuncias. Los judíos dirigen contra Pablo una acusación revestida de doble delito: alboroto público y propugnar «otro rey»; se trataba, por tanto, de alta traición. Son precisamente los mismos delitos imputados al Señor (cfr Lc 23,2; Jn 19,12). Es evidente que los acusadores han deformado la enseñanza de Pablo, que hablaría sin duda de Jesús como Señor, y han tergiversado la predicación sobre el Reino mesiánico como si fuera la venida e instauración de un rey temporal: «Dios abre los labios de quienes pronuncian palabras divinas —escribe Orígenes—, y me temo que es el diablo el que abre la boca de otros» (Homiliae in Exodum 3,2).

Los magistrados reciben la acusación, pero aceptan las garantías (fianza) de Jasón en favor de Pablo y la denuncia fracasa. El episodio constituye una muestra de la defensa de Pablo y los primeros discípulos: sin violencia, acudiendo al derecho.

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