COMENTARIO
Artemisa (v. 24) es el nombre griego de la diosa llamada Diana por los latinos, y se identificaba por sincretismo con una divinidad asiática a quien se atribuía la fertilidad. Su imagen recibía culto en el Artemision. Los festivales de Artemisa se celebraban con orgías y eran frecuentados por gran número de personas de las regiones vecinas. El negocio de Demetrio y sus colegas consistía en vender imágenes de la diosa, que muchos visitantes se llevarían como recuerdo.
El éxito del apostolado de Pablo en Éfeso se muestra no sólo porque provoca la preocupación en los plateros, que veían así disminuir sus ganancias, sino también por su relación cordial con los magistrados de la ciudad: los asiarcas (v. 31). El texto pone en contraste la actitud interesada de Demetrio y los plateros con la actitud ponderada del magistrado (vv. 35-40). En las palabras de éste se puede percibir que la bondad del mensaje cristiano es capaz de impresionar favorablemente a quienes lo examinan con buen sentido. Contrastes semejantes se reflejan en una antigua apología cristiana. Los cristianos, dice, «obedecen las leyes establecidas, y con su modo de vivir superan estas leyes. Aman a todos, y todos los persiguen. Se los condena sin conocerlos. Se les da muerte, y con ello reciben la vida. Son pobres, y enriquecen a muchos; carecen de todo, y abundan en todo. Sufren la deshonra, y ello les sirve de gloria; sufren detrimento en su fama, y ello atestigua su justicia. Son maldecidos, y bendicen; son tratados con ignominia, y ellos, a cambio, devuelven honor. Hacen el bien, y son castigados como malhechores; y, al ser castigados a muerte, se alegran como si se les diera la vida. Los judíos los combaten como a extraños, y los gentiles los persiguen, y, sin embargo, los mismos que los aborrecen no saben explicar el motivo de su enemistad. Para decirlo en pocas palabras: los cristianos son en el mundo lo que el alma es en el cuerpo» (Epistula ad Diognetum 5).
Lucas menciona el término «camino» (v. 23) para referirse al cristianismo y a la Iglesia (cfr 9,2; 19,9; 22,4; 24,14.22). Probablemente era un término bastante usado por muchos cristianos de la época. La palabra «camino» tenía raigambre bíblica (cfr Dt 30,15-20), con el significado de conducta moral y religiosa e, incluso, de norma de conducta: «Se llama con razón camino a la predicación del Evangelio, pues es la ruta que conduce verdaderamente al Reino de los Cielos» (S. Juan Crisóstomo, In Acta Apostolorum 41,1).