COMENTARIO

 Hch 20,7-12 

En el v. 7 se encuentra la primera mención explícita en el libro de los Hechos de la costumbre cristiana de reunirse en el primer día de la semana para celebrar la Sagrada Eucaristía (cfr 2,42; 1 Co 10,16). Después la mención aparece en muchos documentos cristianos: «El día llamado del sol se reúnen todos en un lugar, lo mismo los que habitan en la ciudad que los que viven en el campo, y, según conviene, se leen los tratados de los apóstoles o los escritos de los profetas, según el tiempo lo permita. Luego, cuando el lector termina, el que preside se encarga de amonestar, con palabras de exhortación, a la imitación de cosas tan admirables. Después nos levantamos todos a la vez y recitamos preces; y a continuación, como ya dijimos, una vez que concluyen las plegarias, se trae pan, vino y agua: y el que preside pronuncia fervorosamente preces y acciones de gracias, y el pueblo responde “Amén”; tras de lo cual se distribuyen los dones sobre los que se ha pronunciado la acción de gracias, comulgan todos, y los diáconos se encargan de llevárselo a los ausentes. (…) Y nos reunimos todos el día del sol, primero porque este día es el primero de la creación, cuando Dios empezó a obrar sobre las tinieblas y la materia; y también porque es el día en que Jesucristo, nuestro Salvador, resucitó de entre los muertos» (S. Justino, Apologia 1,67).

San Pablo, como antes San Pedro (9,36-41), resucita a un muerto. San Beda ve en las circunstancias del milagro un simbolismo espiritual: «La restauración del joven se produce entre las palabras de la predicación, de modo que el anuncio de Pablo se confirme mediante la suavidad del prodigio y de la doctrina, se consolide el esfuerzo de la vigilia y se asocie más estrechamente en el ánimo de todos los asistentes el recuerdo del Maestro desaparecido» (Expositio Actuum Apostolorum, ad loc.).

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