COMENTARIO
De esta última estancia de Pablo en Jerusalén, Lucas recuerda la acogida alegre por parte de los cristianos (21,17), pero también el encono con que le perseguían algunos judíos (21,27-28). Las circunstancias adversas le sirven a Pablo para hacer una apología de su actuación, que lo es también del Evangelio (22,1-21). La cerrazón de los acusadores parece que le puede llevar a la muerte, pero todo es providencia del Señor, que le tiene destinado para llevar el Evangelio a los gentiles y a Roma (22,21; 23,11).