COMENTARIO
Pablo y sus acompañantes son recibidos por Santiago —probablemente, el pariente del Señor—, cabeza de la iglesia de Jerusalén por aquellos años (cfr 12,17; 15,13; 1 Co 15,7; Ga 1,19), y por los presbíteros que le asisten en el gobierno y atención espiritual de la comunidad (v. 18). Como Lucas suele distinguir entre presbíteros y apóstoles, se puede pensar que los demás Apóstoles, incluido Pedro, habían abandonado la Ciudad Santa. Quienes estaban al frente de la Iglesia en Jerusalén se alegran del éxito del apostolado de Pablo (v. 20), pero también son conscientes de los rumores que corren en torno a su labor (v. 21). Éstos tienen una base real, porque el Apóstol considera secundaria la Ley mosaica en orden a conseguir la salvación y no concede a la circuncisión carácter necesario (cfr Rm 2,25-29; Ga 4,9; 5,11). Pero la acusación que contienen es injusta. Pablo nunca exhortó a los cristianos de origen judío a omitir la circuncisión de sus hijos, y él mismo se ocupó de que Timoteo fuera circuncidado (cfr 16,3). En Corinto se había mostrado defensor de que las mujeres, según la costumbre judía, usaran velo en las funciones de culto (cfr 1 Co 11,2-16); etc. «Calumniaban a Pablo no los que entendían el espíritu con el que debían conservarse estas costumbres por los fieles judíos, es decir, como un homenaje a la autoridad divina y a la santidad profética de esos signos y no para lograr la salvación, que había sido revelada con Cristo y administrada mediante el sacramento del Bautismo. Los que le calumniaban eran aquellos que querían observar tales prácticas como si no hubiera sin ellas salvación para los creyentes en el Evangelio» (S. Beda, Expositio Actuum Apostolorum, ad loc.).
Sin embargo, como medida de prudencia (vv. 23-24), los cristianos de Jerusalén aconsejan a Pablo que haga una muestra pública de pleitesía a la Ley y tradiciones venerables, consistente en unirse y sufragar ciertos gastos del voto de cuatro hombres. No se dice qué clase de voto es; puede estar relacionado con el de nazareato (cfr 18,18; Nm 6,1-21). El v. 25 es algo desconcertante porque se ha dicho antes que fueron precisamente Pablo y Bernabé quienes llevaron esta carta a las iglesias (cfr 16,4): tal vez Santiago se refiere a los gentiles no evangelizados por Pablo.
En el v. 18 acaba el uso de la primera persona del plural, que no se reanuda hasta el relato del viaje a Roma (27,1).