COMENTARIO
La práctica judicial romana preveía la aplicación de azotes como medio para conseguir la confesión de sospechosos y esclavos. Al hacer valer Pablo su condición de ciudadano romano —como en Filipos (cfr 16,37), aunque ahora se anticipa a las intenciones de sus captores y evita la flagelación—, es posible que el tribuno convoque al Sanedrín (22,30) simplemente para informarse de los motivos de acusación contra el Apóstol.