COMENTARIO

 Hch 28,11-16 

Siracusa (v. 12) era la principal ciudad de Sicilia. Desde allí bordearon la costa oriental de la isla y atravesaron el estrecho de Mesina para llegar a Regio, donde hicieron escala de un día. Por fin, desembarcaron en Putéoli, que era el principal puerto del golfo de Nápoles (v. 13). Foro Apio y Tres Tabernas (v. 15) distaban de Roma 69 y 53 km respectivamente. Estaban en la Via Apia, que comunicaba la Urbe con el sur. No tenemos información sobre la comunidad cristiana de Roma en este tiempo, ni conocemos las circunstancias de su fundación. La tradición afirma que fue fundada por San Pedro, lo cual no obsta para que hubiera en Roma antes de su llegada otros cristianos (cfr 18,2), quizás algunos de los «forasteros romanos» (2,10) que estaban en Jerusalén el día de Pentecostés, cuando el Espíritu Santo descendió sobre la comunidad apostólica.

El texto (cfr vv. 14-16) nos habla del ambiente de fraternidad humana y sobrenatural que reinaba entre los cristianos. El afecto sincero de sus hermanos en Jesucristo hubo de alegrar inmensamente el corazón de Pablo y contribuir a un descanso que le había sido negado en los últimos meses. «El principal apostolado que los cristianos hemos de realizar en el mundo, el mejor testimonio de fe, es contribuir a que dentro de la Iglesia se respire el clima de la auténtica caridad. Cuando no nos amamos de verdad, cuando hay ataques, calumnias y rencillas, ¿quién se sentirá atraído por los que sostienen que predican la Buena Nueva del Evangelio?» (S. Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, nn. 225-226.).

Volver a Hch 28,11-16