COMENTARIO

 Rm 9,1-11,36 

Última sección de la parte doctrinal de la carta. Puede decirse que Pablo responde a una pregunta implícita: la justificación por la fe en Cristo ¿cómo es coherente con las promesas de Dios a Israel? Si desde el principio había un designio de Dios que debía conducir hasta el Mesías, ¿cómo es que los judíos, que habían recibido las promesas de los patriarcas, la Ley y los Profetas, han rechazado a Cristo?

Retomando lo dicho ya en 3,1-2, el Apóstol trata del privilegio del pueblo hebreo como destinatario primero de la revelación divina (9,1-5). Declara que, si bien los gentiles han acogido la llamada de Dios, a pesar del rechazo de Cristo por parte de sus hermanos judíos, las promesas divinas a Israel no han caducado. El Antiguo Testamento enseña cómo Dios elige a quien quiere (9,6-13), revelando así el misterio de la predestinación divina (9,14-33). Por otra parte, aunque el antiguo pueblo elegido no ha sido fiel a su vocación, hasta su infidelidad ha sido eficaz, pues de esa manera la misericordia divina se ha dirigido a los gentiles (10,1-21). Además, la reprobación de Israel no ha sido total ya que un resto ha creído a la predicación evangélica (11,1-12). Por todo ello, los gentiles deben ser conscientes del don que han recibido (11,13-24), y deben saber también que, para los tiempos finales, la Sabiduría divina ha dispuesto la conversión de Israel y la unión de todos los fieles (11,25-36).

Volver a Rm 9,1-11,36