8Rm1Así pues, no hay ya ninguna condenación para los que están en Cristo Jesús. 2Porque la ley del Espíritu de la vida que está en Cristo Jesús te ha liberado de la ley del pecado y de la muerte. 3Pues lo que era imposible para la Ley, al estar debilitada a causa de la carne, lo hizo Dios enviando a su propio Hijo en una carne semejante a la carne pecadora; y por causa del pecado, condenó al pecado en la carne, 4para que la justicia de la Ley se cumpliese en nosotros, que no caminamos según la carne sino según el Espíritu.
5Los que viven según la carne sienten las cosas de la carne, en cambio los que viven según el Espíritu sienten las cosas del Espíritu. 6Porque la tendencia de la carne es la muerte; mientras que la tendencia del Espíritu, la vida y la paz. 7Puesto que la tendencia de la carne es enemiga de Dios, ya que no se somete —y ni siquiera puede— a la Ley de Dios. 8Los que viven según la carne no pueden agradar a Dios.
9Ahora bien, ustedes no viven según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios habita en ustedes. Si alguien no tiene el Espíritu de Cristo, ése no es de él. 10Pero si Cristo está en ustedes, ciertamente el cuerpo está muerto a causa del pecado, pero el Espíritu tiene vida a causa de la justicia. 11Y si el Espíritu de Aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en ustedes, el mismo que resucitó a Cristo de entre los muertos dará vida también a sus cuerpos mortales por medio de su Espíritu, que habita en ustedes.
12Así pues, hermanos, no somos deudores de la carne de modo que vivamos según la carne. 13Porque si viven según la carne, morirán; pero, si con el Espíritu hacen morir las obras del cuerpo, vivirán.
14Porque los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. 15Porque no recibieron un espíritu de esclavitud para estar de nuevo bajo el temor, sino que recibieron un Espíritu de hijos de adopción, en el que clamamos: «¡Abbá, Padre!» 16Pues el Espíritu mismo da testimonio junto con nuestro espíritu de que somos hijos de Dios. 17Y si somos hijos, también herederos: herederos de Dios, coherederos de Cristo; con tal de que padezcamos con él, para ser con él también glorificados. 18Porque estoy convencido de que los padecimientos del tiempo presente no son comparables con la gloria futura que se va a manifestar en nosotros.
19En efecto, la espera ansiosa de la creación anhela la manifestación de los hijos de Dios. 20Porque la creación se ve sujeta a la vanidad, no por su voluntad, sino por quien la sometió, con la esperanza 21de que también la misma creación será liberada de la esclavitud de la corrupción para participar de la libertad gloriosa de los hijos de Dios. 22Pues sabemos que la creación entera gime y sufre con dolores de parto hasta el momento presente. 23Y no sólo ella, sino que nosotros, que poseemos ya los primeros frutos del Espíritu, también gemimos en nuestro interior aguardando la adopción de hijos, la redención de nuestro cuerpo. 24Porque hemos sido salvados por la esperanza. Ahora bien, una esperanza que se ve no es esperanza; pues ¿acaso uno espera lo que ve? 25Por eso, si esperamos lo que no vemos, lo aguardamos mediante la paciencia.
26Asimismo también el Espíritu acude en ayuda de nuestra flaqueza: porque no sabemos lo que debemos pedir como conviene; pero el mismo Espíritu intercede por nosotros con gemidos inefables. 27Pero el que sondea los corazones sabe cuál es el deseo del Espíritu, porque intercede según Dios en favor de los santos.
28Sabemos que todas las cosas cooperan para el bien de los que aman a Dios, de los que son llamados según su designio. 29Porque a los que de antemano eligió también predestinó para que lleguen a ser conformes con la imagen de su Hijo, a fin de que él sea primogénito entre muchos hermanos. 30Y a los que predestinó también los llamó, y a los que llamó también los justificó, y a los que justificó también los glorificó.
31¿Qué diremos a esto? Si Dios está con nosotros, ¿quién contra nosotros? 32El que no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará con él todas las cosas? 33¿Quién presentará acusación contra los elegidos de Dios? ¿Dios, el que justifica? 34¿Quién condenará? ¿Cristo Jesús, el que murió, más aún, el que fue resucitado, el que además está a la derecha de Dios, el que está intercediendo por nosotros? 35¿Quién nos apartará del amor de Cristo? ¿La tribulación, o la angustia, o la persecución, o el hambre, o la desnudez, o el peligro, o la espada? 36Como dice la Escritura:
Por tu causa somos llevados a la muerte todo el día,
somos considerados como ovejas
destinadas al matadero.
37Pero en todas estas cosas vencemos con creces gracias a aquel que nos amó. 38Porque estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni los ángeles, ni los principados, ni las cosas presentes, ni las futuras, ni las potestades, 39ni la altura, ni la profundidad, ni cualquier otra criatura podrá separarnos del amor de Dios, que está en Cristo Jesús, Señor nuestro.
9Rm1Les digo la verdad en Cristo, no miento, y mi conciencia me lo atestigua en el Espíritu Santo: 2siento una pena muy grande y un continuo dolor en mi corazón. 3Pues le pediría a Dios ser yo mismo anatema de Cristo en favor de mis hermanos, los que son de mi mismo linaje según la carne. 4Ésos son los israelitas: a ellos pertenece la adopción de hijos y la gloria y la alianza y la legislación y el culto y las promesas; 5de ellos son los patriarcas y de ellos según la carne desciende Cristo, el cual es sobre todas las cosas Dios bendito por los siglos. Amén.
6No es que la palabra de Dios haya quedado incumplida. Porque no todos los descendientes de Israel son Israel, 7ni todos son hijos por ser descendientes de Abrahán según la carne, sino que: En Isaac será escogida tu descendencia. 8Es decir, no son hijos de Dios los que son hijos de la carne, sino que son considerados descendencia los hijos de la promesa. 9Pues ésta es la palabra de la promesa: Volveré por este mismo tiempo y Sara tendrá un hijo. 10Pero no sólo esto: también Rebeca concibió dos hijos de un hombre solo, Isaac nuestro padre. 11Y cuando aún no habían nacido ni habían hecho nada bueno o malo, para que el designio de Dios permaneciese según la elección, 12y no en virtud de las obras sino del que llama, se le dijo: El mayor servirá al menor; 13conforme está escrito: Amé a Jacob y odié a Esaú.
14¿Entonces, qué diremos? ¿Es que existe injusticia en Dios? ¡De ninguna manera! 15Pues a Moisés le dice: Tendré misericordia de quien tenga misericordia, y me apiadaré de quien me apiade. 16Por lo tanto, no depende de que uno quiera o de que se esfuerce, sino de Dios, que tiene misericordia. 17Pues le dice la Escritura al Faraón: Para esto mismo te he exaltado, para mostrar en ti mi poder, y para que mi nombre sea anunciado en toda la tierra. 18Así pues, tiene misericordia de quien quiere, y endurece a quien quiere.
19Pero me dirás: «¿Entonces, por qué reprende? ¿Es que alguien ha podido resistir a su voluntad?» 20¡Hombre, quién eres tú para contradecir a Dios! ¿Acaso le dice la vasija al que la ha moldeado: «Por qué me hiciste así»? 21¿Es que el alfarero no tiene poder sobre el barro para hacer de una misma masa una vasija, bien sea para usos nobles, bien para usos viles? 22¿Y qué, si Dios, queriendo mostrar su ira y dar a conocer su poder, soportó con mucha paciencia las vasijas de ira preparadas para la perdición 23y —para mostrar la riqueza de su gloria sobre las vasijas de misericordia, que de antemano preparó para la gloria— 24también nos llamó a nosotros, no sólo de entre los judíos, sino también de entre los gentiles? 25Como dice en Oseas:
Llamaré pueblo mío al que no es pueblo mío,
y amada mía a la que no es amada,
26y sucederá que en el lugar donde se les dijo:
«No son pueblo mío»,
allí serán llamados hijos del Dios vivo.
27Isaías, por su parte, clama en favor de Israel: Aunque el número de los hijos de Israel sea como las arenas del mar, un resto se salvará; 28porque el Señor dará cumplimiento pronta y perfectamente a su palabra sobre la tierra.
29Y como predijo Isaías:
Si el Señor de los ejércitos no nos hubiese dejado
una semilla,
habríamos llegado a ser como Sodoma,
nos habríamos quedado como Gomorra.
30¿Entonces, qué diremos? Que los gentiles, que no buscaban la justicia, encontraron la justicia, la justicia que viene de la fe. 31En cambio, Israel, que buscaba la ley de la justicia, no alcanzó esa ley. 32¿Por qué? Porque la buscaban no en la fe, sino como fruto de las obras. Tropezaron en la piedra de escándalo, 33conforme está escrito:
Mira, pongo en Sión una piedra de tropiezo
y una roca de escándalo,
y el que cree en él no quedará confundido.
10Rm1Hermanos, el deseo ardiente de mi corazón y mi oración a Dios por ellos es que se salven. 2Pues doy testimonio en su favor de que tienen celo por Dios, pero sin discernimiento. 3Porque desconociendo la justicia de Dios, y queriendo establecer su propia justicia, no se han sometido a la justicia de Dios. 4Pues el fin de la Ley es Cristo, para justificación de todo el que cree.
5Porque, acerca de la justicia que viene de la Ley, Moisés escribe: Quien la cumpla vivirá por ella. 6Pero la justicia que viene de la fe dice así: No digas en tu corazón: ¿Quién subirá al cielo? 7—esto es, para bajar a Cristo—; o ¿quien bajará al abismo? —esto es, para subir a Cristo de entre los muertos—. 8¿Qué dice, en cambio?
Cerca de ti está la palabra, en tu boca
y en tu corazón.
Se refiere a la palabra de la fe que predicamos. 9Porque si confiesas con tu boca: «Jesús es Señor», y crees en tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, te salvarás. 10Porque con el corazón se cree para alcanzar la justicia, y con la boca se confiesa la fe para la salvación. 11Ya que la Escritura dice:
Todo el que cree en él no quedará confundido.
12Pues no hay distinción entre judío y griego; porque uno mismo es el Señor de todos, generoso con todos los que le invocan.
13Porque todo el que invoque el nombre del Señor
se salvará.
14¿Pero cómo invocarán a Aquel en quien no creyeron? ¿O cómo creerán, si no oyeron hablar de él? ¿Y cómo oirán sin alguien que predique? 15¿Y cómo predicarán, si no hay enviados? Según está escrito:
¡Qué hermosos los pies
de los que anuncian la Buena Nueva!
16Pero no todos obedecieron al Evangelio. Pues Isaías dice:
Señor, ¿quién creyó nuestro anuncio?
17Por tanto, la fe viene de la predicación, y la predicación, a través de la palabra de Cristo. 18Pero digo yo: ¿es que no oyeron? Todo lo contrario:
A toda la tierra llegó su voz,
y hasta los confines del mundo sus palabras.
19Pero digo yo: ¿acaso Israel no entendió? Moisés es el primero que dice:
Yo les haré sentir celos de un pueblo que no es pueblo,
y con un pueblo necio los irritaré.
20Isaías, por su parte, se atreve a decir:
Fui encontrado por los que no me buscaban,
me manifesté a los que no preguntaban por mí.
21Pero a Israel le dice:
Todo el día extendí mis manos
hacia un pueblo incrédulo y rebelde.
11Rm1Entonces digo yo: ¿es que Dios rechazó a su pueblo? ¡De ninguna manera! Porque también yo soy israelita, del linaje de Abrahán, de la tribu de Benjamín. 2No ha rechazado Dios a su pueblo, al cual eligió de antemano. ¿Es que no saben lo que dice la Escritura en el episodio de Elías, cómo dirige a Dios sus quejas contra Israel: 3Señor, mataron a tus profetas, derribaron tus altares, y quedo yo solo, y buscan mi vida? 4Pero, ¿qué le dice la respuesta divina? Me he reservado siete mil varones, que no doblaron la rodilla ante Baal.
5Así pues, también en el tiempo presente ha quedado un resto según elección gratuita. 6Ahora bien, si es por gracia, no es por las obras, porque entonces la gracia ya no sería gracia. 7¿Entonces, qué? Lo que Israel busca no lo consiguió, mientras que los elegidos lo consiguieron; los demás, en cambio, se endurecieron, 8conforme está escrito:
Les dio Dios espíritu de necedad,
ojos para no ver
y oídos para no oír,
hasta el día de hoy.
9Y David dice:
Que se les convierta la mesa en lazo, en trampa,
en tropiezo y en castigo
10Que se les llenen de tinieblas los ojos para no ver.
Doblégales las espaldas por siempre.
11Digo, pues: ¿es que tropezaron hasta caer definitivamente? ¡De ninguna manera! Al contrario, por su caída vino la salvación a los gentiles, para provocar su celo. 12Pues si su caída es riqueza del mundo, y su fracaso riqueza de los gentiles, ¡cuánto más lo será su plenitud!
13Pero a ustedes, los gentiles, les digo: siendo yo, en efecto, apóstol de las gentes, hago honor a mi ministerio, 14por si de alguna forma provoco celo a los de mi raza y salvo a algunos de ellos. 15Porque si su reprobación es reconciliación del mundo, ¿qué será su restauración sino una vida que surge de entre los muertos? 16Y si los primeros panes son santos, también la masa; y si la raíz es santa, también las ramas. 17Y si se han cortado algunas de las ramas y tú, siendo olivo silvestre, fuiste injertado en su lugar y participas de la raíz y de la savia del olivo, 18no te gloríes contra las ramas; si te glorías, ten en cuenta que no eres tú quien sostiene la raíz, sino la raíz a ti.
19Dirás entonces: «Se han cortado las ramas para que yo fuese injertado». 20Bien, fueron cortadas por la incredulidad, tú en cambio te mantienes por la fe. No te engrías: más bien teme; 21no sea que, si Dios no perdonó a las ramas naturales, tampoco te perdone a ti.
22Considera, por tanto, la bondad y la severidad de Dios: con los que cayeron, la severidad; contigo, la bondad de Dios, con tal de que permanezcas en ella; de lo contrario, también a ti te cortarán. 23Asimismo ellos, si no persisten en la incredulidad, serán injertados; pues Dios tiene poder para injertarlos de nuevo. 24Pues, si tú fuiste cortado de un olivo silvestre, tu árbol natural, y fuiste injertado, en contra de lo que te es natural, en un olivo bueno, ¡cuánto más aquéllos serán injertados conforme a lo que les es natural en su propio olivo!
25Porque no quiero que ignoren, hermanos, este misterio, para que no se consideren sabios a sus ojos: que la ceguera de Israel fue parcial, hasta que entrara la plenitud de los gentiles, 26y así todo Israel se salve, como está escrito:
De Sión vendrá el libertador,
apartará de Jacob las impiedades;
27y ésta será mi alianza con ellos,
cuando haya borrado yo sus pecados.
28Por lo que se refiere al Evangelio, han llegado a ser enemigos para su bien; pero en cuanto a la elección, son amados por causa de sus padres. 29Porque los dones y la vocación de Dios son irrevocables. 30Pues así como ustedes en otro tiempo fueron desobedientes a Dios, y ahora han alcanzado misericordia a causa de su desobediencia, 31así también ellos ahora no han obedecido, para que ustedes alcancen misericordia, a fin de que también ellos consigan la misericordia. 32Porque Dios encerró a todos en la desobediencia, para tener misericordia de todos.
33¡Oh profundidad de la riqueza, de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Qué incomprensibles son sus juicios y qué inescrutables sus caminos!
34Pues ¿quién conoció los designios del Señor?,
o ¿quién llegó a ser su consejero?,
35o ¿quién le dio primero algo,
para poder recibir a cambio una recompensa?
36Porque de Él, por Él y para Él son todas las cosas. A Él la gloria por los siglos. Amén.
12Rm1Los exhorto, por tanto, hermanos, por la misericordia de Dios, a que ofrezcan sus cuerpos como ofrenda viva, santa, agradable a Dios: éste es su culto espiritual. 2Y no se amolden a este mundo, sino, por el contrario, transfórmense con una renovación de la mente, para que puedan discernir cuál es la voluntad de Dios, qué es lo bueno, agradable y perfecto.
3Porque, en virtud de la gracia que me fue dada, les digo a cada uno de ustedes que no se estimen en más de lo que conviene, sino que deben tenerse una sobria estima, según la medida de la fe que Dios ha otorgado a cada uno. 4Porque así como en un solo cuerpo tenemos muchos miembros, y no todos los miembros tienen la misma función, 5así nosotros, que somos muchos, formamos en Cristo un solo cuerpo, siendo todos miembros los unos de los otros.
6Tenemos dones diferentes conforme a la gracia que se nos ha dado: si se trata de profecía, que sea de acuerdo con la fe, 7y si se trata del ministerio, que sea sirviendo. Y si uno tiene que enseñar, que enseñe, 8y si tiene que exhortar, que exhorte.
El que da, que dé con sencillez; el que preside, que lo haga con esmero; el que ejercita la misericordia, que lo haga con alegría.
9Que la caridad esté libre de hipocresía, abominando el mal, adhiriéndose al bien; 10amándose de corazón unos a otros con el amor fraterno, honrando cada uno a los otros más que a sí mismo; 11diligentes en el deber, fervorosos en el espíritu, servidores del Señor; 12alegres en la esperanza, pacientes en la tribulación; constantes en la oración; 13compartiendo las necesidades de los santos, procurando practicar la hospitalidad.
14Bendigan a los que los persiguen; bendíganlos y no los maldigan. 15Alégrense con los que se alegran, lloren con los que lloran. 16Tengan los mismos sentimientos los unos hacia los otros, sin dejarse llevar por pensamientos soberbios, sino acomodándose a las cosas humildes. No se tengan por sabios ante ustedes mismos.
17No devuelvan a nadie mal por mal: busquen hacer el bien delante de todos los hombres. 18Si es posible, en lo que está de su parte, vivan en paz con todos los hombres. 19No se venguen, queridísimos, sino dejen el castigo en manos de Dios, porque está escrito: Mía es la venganza, yo retribuiré lo merecido, dice el Señor. 20Por el contrario, si tu enemigo tuviese hambre, dale de comer; si tuviese sed, dale de beber; al hacer esto, amontonarás ascuas de fuego sobre su cabeza. 21No te dejes vencer por el mal; al contrario, vence el mal con el bien.
13Rm1Que toda persona esté sujeta a las autoridades que gobiernan, porque no hay autoridad que no venga de Dios: las que existen han sido constituidas por Dios. 2Así pues, quien se rebela contra la autoridad, se rebela contra el ordenamiento divino, y los rebeldes se ganan su propia condena. 3Pues los gobernantes no han de ser temidos cuando se hace el bien, sino cuando se hace el mal. ¿Quieres no tener miedo a la autoridad? Haz el bien, y recibirás su alabanza, 4porque está al servicio de Dios para tu bien. Pero si obras el mal, teme, pues no en vano lleva la espada; porque está al servicio de Dios para hacer justicia y castigar al que obra el mal. 5Por tanto, es necesario estar sujeto no sólo por temor al castigo, sino también por motivos de conciencia. 6Por esta razón les pagan también los tributos; porque son ministros de Dios, dedicados precisamente a esta función. 7Denle a cada uno lo que se le debe: a quien tributo, tributo; a quien impuestos, impuestos; a quien respeto, respeto; a quien honor, honor.
8No deban nada a nadie, a no ser el amarse unos a otros; porque el que ama al prójimo ha cumplido plenamente la Ley. 9Pues no adulterarás, no matarás, no robarás, no codiciarás y cualquier otro precepto, se compendian en este mandamiento: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. 10La caridad no hace mal al prójimo. Por tanto, la caridad es la plenitud de la Ley.
11Y esto, siendo conscientes del momento presente: porque ya es hora de que despierten del sueño, pues ahora nuestra salvación está más cerca que cuando abrazamos la fe. 12La noche está avanzada, el día está cerca. Abandonemos, por tanto, las obras de las tinieblas, y revistámonos con las armas de la luz. 13Como en pleno día tenemos que comportarnos honradamente, no en comilonas y borracheras, no en fornicaciones y en desenfrenos, no en contiendas y envidias; 14al contrario, revístanse del Señor Jesucristo, y no estén pendientes de la carne para satisfacer sus concupiscencias.
14Rm1Al que es débil en la fe, acójanle sin entrar a discutir puntos de vista. 2Pues uno cree que puede comer de todo y, en cambio, el débil come sólo verduras. 3El que come, que no desprecie al que no come, y el que no come, que no juzgue al que come, pues Dios lo ha acogido. 4¿Quién eres tú para juzgar al siervo ajeno? Que se mantenga firme o que caiga es asunto de su señor. Y se mantendrá en pie, porque el Señor es poderoso para sostenerle.
5Pues hay quien distingue entre un día y otro, y hay quien juzga iguales todos los días: que cada uno siga su propia conciencia. 6El que distingue el día, lo hace por el Señor; y quien come, come en honor del Señor —porque da gracias a Dios—, y quien no come, se abstiene en honor del Señor y da gracias a Dios. 7Pues ninguno de nosotros vive para sí mismo, ni ninguno muere para sí mismo; 8pues si vivimos, vivimos para el Señor; y si morimos, morimos para el Señor; porque vivamos o muramos, somos del Señor. 9Para esto Cristo murió y volvió a la vida, para dominar sobre muertos y vivos.
10Tú, ¿por qué juzgas a tu hermano? ¿O por qué desprecias a tu hermano? Todos compareceremos ante el tribunal de Dios. 11Porque está escrito:
Vivo yo, dice el Señor,
ante mí se doblará toda rodilla,
y toda lengua confesará a Dios.
12Así pues, cada uno de nosotros dará cuenta de sí mismo a Dios.
13Por eso, no nos juzguemos ya más unos a otros; antes bien, procuren sobre todo no hacer caer al hermano ni darle escándalo.
14Soy consciente y estoy persuadido en el Señor Jesús de que no hay nada impuro en sí mismo; sino que algo es impuro para el que lo estima impuro. 15Pues, si a causa de tu comida se entristece tu hermano, ya no andas conforme a la caridad. No pierdas a causa de tu comida a aquel por quien murió Cristo. 16Que su bien no sea ocasión de maledicencia. 17Porque no consiste el Reino de Dios en comer ni beber, sino que es justicia, paz y alegría en el Espíritu Santo, 18pues el que sirve de esta manera a Cristo agrada a Dios y es estimado por los hombres. 19Por tanto, busquemos lo que contribuye a la paz y a la edificación mutua. 20No destruyas por un manjar la obra de Dios. Todas las cosas, en efecto, son puras, pero es malo para el hombre comerlas dando escándalo. 21Lo bueno es no comer carne ni beber vino ni hacer cualquier cosa que pueda escandalizar a tu hermano.
22Tú, la fe que tienes, guárdala para ti mismo ante Dios. Dichoso el que no se condena a sí mismo en lo que decide hacer; 23pero el que tiene dudas, si come es culpable, porque no ha obrado conforme a la fe. Todo lo que no es conforme a la fe es pecado.
15Rm1Nosotros, los fuertes, debemos sobrellevar las flaquezas de los débiles, y no complacernos a nosotros mismos. 2Que cada uno de nosotros agrade al prójimo buscando su bien y su edificación. 3Pues tampoco Cristo buscó su complacencia; antes bien, como está escrito: Los ultrajes de los que te ultrajaban cayeron sobre mí. 4Porque todas las cosas que ya están escritas fueron escritas para nuestra enseñanza, con el fin de que mantengamos la esperanza mediante la paciencia y la consolación de las Escrituras. 5Que el Dios de la paciencia y de la consolación les dé un mismo sentir entre ustedes según Cristo Jesús, 6para que unánimemente, con una sola voz, glorifiquen al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo.
7Por esta razón acójanse unos a otros, como también Cristo los acogió a ustedes para gloria de Dios. 8Digo, en efecto, que Cristo se hizo servidor de los que están circuncidados para mostrar la fidelidad de Dios, para ratificar las promesas hechas a los padres, 9y para que los gentiles glorificaran a Dios por su misericordia, conforme está escrito:
Por eso te alabaré a ti entre los gentiles,
y cantaré en honor de tu nombre.
10Y de nuevo, dice:
Alégrense, naciones, con su pueblo.
11Y también:
Alaben al Señor, todas las naciones,
y ensálcenle todos los pueblos.
12Y también Isaías dice:
Aparecerá la raíz de Jesé
y el que surge para gobernar las naciones:
en él esperarán las naciones.
13Que el Dios de la esperanza los colme de toda alegría y paz en la fe, para que abunden en la esperanza con la fuerza del Espíritu Santo.
14Hermanos míos: por lo que se refiere a ustedes, yo mismo estoy persuadido de que también ustedes están llenos de bondad, repletos de toda ciencia, hasta el punto de que pueden amonestarse unos a otros. 15Les he escrito, en parte, con cierta audacia para reavivar su memoria, en virtud de la gracia que me ha sido dada por Dios 16de ser ministro de Cristo Jesús entre los gentiles, cumpliendo el ministerio sagrado del Evangelio de Dios, para que la ofrenda de los gentiles llegue a ser grata, santificada en el Espíritu Santo. 17Tengo, por eso, de qué gloriarme en Cristo Jesús en las cosas que se refieren a Dios; 18y no me atreveré a hablar de algo que Cristo no haya realizado a través de mí para la obediencia de los gentiles, de palabra y de obra, 19con la eficacia de milagros y prodigios, y con la fuerza del Espíritu de Dios. De tal forma que, desde Jerusalén y por todas partes hasta la Iliria, he dado cumplimiento al Evangelio de Cristo; 20teniendo cuidado, sin embargo, de predicar el Evangelio donde aún no era conocido el nombre de Cristo, para no construir sobre los cimientos puestos por otro, 21sino conforme está escrito:
Los que no han recibido anuncio de él lo verán;
y los que no oyeron lo comprenderán.
22Por esto mismo muchas veces me ha sido imposible ir donde ustedes. 23Ahora, como no tengo ya campo de acción en estas regiones y desde hace muchos años siento un gran deseo de ir donde ustedes, 24cuando me dirija a Hispania espero verlos al pasar y —tras haber disfrutado algún tiempo de su compañía— que me ayuden a ponerme en camino hacia allá.
25Por ahora, sin embargo, me marcho a Jerusalén en servicio de los santos. 26Pues Macedonia y Acaya han tenido a bien hacer una colecta en favor de los pobres de entre los santos que viven en Jerusalén. 27Les pareció bien, ya que son deudores de ellos; porque si los gentiles participaron de sus bienes espirituales, deben también servirles a ellos con los bienes materiales. 28Cuando haya terminado esto, y les haya entregado este fruto, marcharé hacia Hispania, y de paso estaré con ustedes; 29pues sé que al llegar donde ustedes lo haré con la plenitud de la bendición de Cristo.
30Les suplico, hermanos, por nuestro Señor Jesucristo y por el amor del Espíritu, que luchen juntamente conmigo, rogando a Dios por mí, 31para que sea liberado de los incrédulos que hay en Judea y mi ministerio en favor de Jerusalén sea aceptado por los santos 32y, llegando donde ustedes con alegría por la voluntad de Dios, pueda descansar con ustedes. 33El Dios de la paz esté con todos ustedes. Amén.
16Rm1Les recomiendo a Febe, nuestra hermana, que está al servicio de la iglesia de Céncreas, 2para que la reciban en el Señor de manera digna de los santos, y la ayuden en lo que pueda necesitar de ustedes: porque también ella asistió a muchos y, en particular, a mí.
3Saludad a Prisca y Aquila, mis colaboradores en Cristo Jesús, 4que expusieron sus cabezas para salvar mi vida, a quienes damos gracias no sólo yo sino también todas las iglesias de los gentiles, 5y saluden a la iglesia que se reúne en su casa.
Saluden a Epéneto, amadísimo mío, primicia de Asia para Cristo. 6Saluden a María, que se ha esforzado mucho por ustedes. 7Saluden a Andrónico y Junia, mis parientes y compañeros de cautividad, que gozan de gran consideración entre los apóstoles y que llegaron a ser cristianos antes que yo. 8Saluden a Ampliato, amadísimo mío en el Señor. 9Saluden a Urbano, nuestro colaborador en Cristo, y a mi amadísimo Estaquis. 10Saluden a Apeles, de fe probada en Cristo. 11Saluden a los de la casa de Aristóbulo. Saluden a Herodión, mi pariente. Saluden a los de la casa de Narciso que creen en el Señor. 12Saluden a Trifena y a Trifosa, que trabajan en el Señor. Saluden a la amadísima Pérside, que trabajó mucho en el Señor. 13Saluden a Rufo, escogido en el Señor, y a su madre, que es también mía. 14Saluden a Asíncrito, Flegonta, Hermes, Patrobas, Hermas y a los hermanos que están con ellos. 15Saluden a Filólogo y a Julia, a Nereo y a su hermana, y a Olimpas, y a todos los santos que están con ellos. 16Salúdense unos a otros con el beso santo. Los saludan todas las iglesias de Cristo.
17Les ruego, hermanos, que tengan cuidado con los que producen discordia y escándalos contra la doctrina que aprendieron. Aléjense de ellos, 18pues ésos no sirven a Cristo, nuestro Señor, sino a su propio vientre, y mediante palabras dulces y aduladoras seducen los corazones de los ingenuos.
19Su obediencia ha llegado al conocimiento de todos; por eso me alegro por ustedes, pero quisiera que fueran sabios para el bien y sencillos, en cambio, para el mal. 20El Dios de la paz aplastará rápidamente a Satanás bajo sus pies. La gracia de nuestro Señor Jesucristo esté con ustedes.
21Los saluda Timoteo, mi colaborador, y Lucio y Jasón y Sosípatro, mis parientes. 22Los saludo yo, Tercio, que he escrito esta carta en el Señor. 23Los saluda Gayo, que nos hospeda a mí y a toda la iglesia. Los saluda Erasto, el tesorero de la ciudad, y Cuarto, nuestro hermano. (24)
25Al que tiene el poder de confirmarlos según mi evangelio y la predicación de Jesucristo, según la revelación del misterio oculto por los siglos eternos, 26pero ahora manifestado a través de las Escrituras proféticas conforme al designio del Dios eterno, dado a conocer a todas las gentes para la obediencia de la fe, 27a Dios, el único sabio, a Él la gloria por medio de Jesucristo por los siglos de los siglos. Amén.