COMENTARIO
Dirigiéndose a los cristianos de Roma, pero con proyección universal en el tiempo y el espacio, San Pablo enuncia el principio general que debe regir la vida cristiana: la caridad es el vínculo de unión de los miembros del Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia. Todos somos en Cristo un solo cuerpo y miembros unos de otros (12,1-8); de aquí brota la exigencia de la caridad fraterna (12,9-21). En este contexto, la obediencia a la autoridad, que viene de Dios y está al servicio de Dios (13,1-7), también debe estar impregnada del amor de Dios. Por todo ello, la caridad es la plenitud de la Ley (13,8-14).