COMENTARIO

 Rm 14,13-23 

Estos versículos son una llamada a la ayuda fraterna para la «edificación mutua» y «la paz» (v. 19), y evitar el escándalo, no sólo con acciones malas, sino con actos de suyo indiferentes pero que pueden confundir a otros. Evitar lo que pueda servir de escándalo no quiere decir que debamos obrar en contra de nuestra conciencia. Jesucristo mismo hubo de enfrentarse con el escándalo de los fariseos (cfr Mt 15,14): era un falso escándalo, que buscaba contradicciones para no aceptar la verdad.

Jesús, al declarar puros todos los alimentos, señaló que «las cosas que salen del hombre, ésas son las que hacen impuro al hombre» (Mc 7,15; cfr Mt 15,16-20). El Apóstol aplica la enseñanza de Cristo (vv. 22-23) y afirma que «nada hay impuro en sí mismo» (vv. 14 y 20). Por tanto, la conducta de los «fuertes» es lícita; sin embargo, se volvería mala si produce escándalo a los hermanos (cfr vv. 20-21; 1 Co 8,9-13). Y añade: «Todo lo que no es conforme a la fe es pecado» (v. 23). «Fe» designa aquí el juicio de la conciencia, que es la norma inmediata de actuación; pero su dominio no es absoluto: alguien puede obrar el mal con la conciencia de estar haciendo el bien: es la conciencia «cierta», pero «errónea». Por eso, debemos esforzarnos por formar la conciencia recta, para buscar y seguir la voluntad divina expresada en la revelación; y si nos apercibimos de error, rectificar cuanto antes.

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