COMENTARIO

 2 Co 9,6-15 

El último motivo para estimular la generosidad es la recompensa del Señor. Las cosechas del campo son una prueba de la liberalidad divina: «Si Dios colma de bendiciones temporales a quienes cultivan la tierra y se ocupan de las necesidades de sus cuerpos, con más razón bendecirá a quienes cultivan el Cielo y se aplican a la salvación de sus almas (…). Por tanto, quiere no solamente que demos limosna, sino que la demos con generosidad. Por eso llama “semilla” a la limosna. El grano echado en tierra produce espigas; así la limosna producirá frutos de justicia y una cosecha abundante» (S. Juan Crisóstomo, In 2 Corinthios 20).

«Dios ama al que da con alegría» (v. 7). El Apóstol traduce libremente el texto griego de Pr 22,8 («Dios alaba al hombre alegre y dadivoso»), haciendo hincapié en el gozo de la limosna: «Si das el pan entristeciéndote pierdes el pan y la recompensa» (S. Agustín, Enarrationes in Psalmos 42,8).

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