PRESENTACIÓN

Saludo

12 Co1Pablo, apóstol de Cristo Jesús por voluntad de Dios, y Timoteo, nuestro hermano, a la iglesia de Dios que está en Corinto y a todos los santos que están por toda Acaya: 2a ustedes la gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo.

Acción de gracias

3Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de las misericordias y Dios de toda consolación, 4que nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que también nosotros seamos capaces de consolar a los que se encuentran en cualquier tribulación, mediante el consuelo con que nosotros mismos somos consolados por Dios. 5Porque, así como abundan en nosotros los padecimientos de Cristo, así abunda también nuestra consolación por medio de Cristo. 6Pues, si somos atribulados, es para consuelo y salvación suya; si somos consolados, es para su consuelo, que muestra su eficacia en la paciencia con que soportan los mismos sufrimientos que nosotros. 7Y es firme nuestra esperanza acerca de ustedes, porque sabemos que así como son solidarios en los padecimientos, también lo serán en la consolación.

8En efecto, no queremos que ignoren, hermanos, la tribulación que nos sobrevino en Asia, porque nos vimos abrumados hasta el límite, por encima de nuestras fuerzas, tanto, que ya no esperábamos salir con vida. 9Es más: aun dentro de nosotros hemos sentido la sentencia de muerte, para que no confiásemos en nosotros mismos sino en Dios, que resucita a los muertos. 10Él nos libró de un peligro mortal, y seguirá librándonos. En Él tenemos puesta la esperanza de que continuará librándonos, 11cooperando también ustedes con la oración en favor nuestro, para que la gracia que se nos concedió por las plegarias de muchos, sea agradecida por muchos en nuestro nombre.

PRIMERA PARTE:
DEFENSA DE SAN PABLO
ANTE LAS ACUSACIONES DE SUS ENEMIGOS

I. NO ES VOLUBLE EN SUS DECISIONES

Sinceridad de su conducta y de sus cartas

12Porque ésta es nuestra gloria: el testimonio de nuestra conciencia, de que nos hemos comportado en el mundo, y especialmente entre ustedes, con la santidad y sinceridad que vienen de Dios, no con sabiduría carnal sino con la gracia de Dios. 13Pues no les escribimos otras cosas que las que leen y conocen, y espero conocerán por completo, 14como ya nos conocieron en parte: que somos su gloria, lo mismo que ustedes la nuestra en el día de nuestro Señor Jesús.

Explicación del cambio de planes

15Y con esta confianza quería primero ir donde ustedes, para que tuviesen una segunda gracia, 16y pasando por ustedes ir a Macedonia, y desde Macedonia volver a ustedes de nuevo y que ustedes nos ayudaran a ponernos en camino hacia Judea. 17Al proponerme esto, ¿obré acaso con ligereza? ¿O mis proyectos me los propongo según la carne, de manera que se dan en mí simultáneamente el sí y el no? 18Por la fidelidad de Dios, que la palabra que les dirigimos no es sí y no. 19Porque Jesucristo, el Hijo de Dios —que les predicamos Silvano, Timoteo y yo— no fue sí y no, sino que en él se ha hecho realidad el sí. 20Porque cuantas promesas hay de Dios, en él tienen su sí; por eso también decimos por su mediación el Amén a Dios para su gloria. 21Y es Dios quien nos confirma con ustedes en Cristo, y quien nos ungió, 22y quien nos marcó con su sello, y nos dio como arras el Espíritu en nuestros corazones.

23Y por mi vida invoco a Dios como testigo, de que no he ido todavía a Corinto por consideración a ustedes. 24No porque queramos dominar su fe, ya que se mantienen firmes en la fe, sino porque queremos contribuir a su alegría.

22 Co1Decidí tomar esta determinación: no ir otra vez donde ustedes lleno de tristeza. 2Porque si yo los entristezco, entonces, ¿quién podrá alegrarme sino aquel a quien he entristecido? 3Y precisamente por eso les escribí, para que al llegar no recibiera tristeza de parte de quienes habían de darme alegría, confiando en que mi alegría es la de todos ustedes. 4En efecto, movido por una gran pena y angustia de corazón, les escribí con muchas lágrimas, no para que se entristecieran, sino para que conocieran el amor inmenso que les tengo.

Perdón al causante de la ofensa

5Ahora bien, si alguien ha causado tristeza, no es a mí a quien ha contristado, sino de alguna manera —para no exagerar— a todos ustedes. 6A ése le basta el castigo impuesto por la mayoría. 7De modo que es mucho mejor que lo perdonen y le consuelen, no sea que se vea consumido por una excesiva tristeza. 8Por eso les ruego que extremen la caridad con él. 9Porque les escribí también con la intención de probarlos y ver si son obedientes en todo. 10A quien ustedes perdonen algo, también yo; pues lo que yo he perdonado, si tenía algo que perdonar, fue por ustedes en presencia de Cristo, 11para que no seamos engañados por Satanás, ya que no desconocemos sus propósitos.

Su inquietud por no tener noticias de Corinto

12Cuando llegué a Tróade, para anunciar el Evangelio de Cristo, aunque se me había abierto una puerta en el Señor, 13no hallé sosiego para mi espíritu por no encontrar a mi hermano Tito; así que me despedí de ellos y salí para Macedonia. 14Pero gracias sean dadas a Dios, que siempre nos hace triunfar en Cristo y por medio de nosotros manifiesta el aroma de su conocimiento en todo lugar; 15porque somos para Dios el buen olor de Cristo entre los que se salvan y entre los que se pierden; 16para unos olor de muerte para la muerte, para otros olor de vida para la vida. Y para esto, ¿quién es idóneo? 17Porque no somos como tantos otros que adulteran la palabra de Dios, sino que con sinceridad, como de parte de Dios y delante de Dios, hablamos en Cristo.

II. NO ES ORGULLO MOSTRAR LA GRANDEZA
DE SU MINISTERIO APOSTÓLICO

Su carta de recomendación

32 Co1¿Comenzamos de nuevo a recomendarnos a nosotros mismos? ¿O acaso necesitamos, como algunos, cartas de recomendación para ustedes o de su parte? 2Nuestra carta son ustedes, escrita en nuestros corazones, conocida y leída por todos los hombres; 3pues es notorio que son una carta de Cristo, redactada por nuestro ministerio y escrita no con tinta sino con el Espíritu de Dios vivo; no en tablas de piedra sino en tablas que son corazones de carne.

Esplendor del ministerio apostólico

4Y esta confianza la tenemos por Cristo ante Dios. 5No es que por nosotros seamos capaces de pensar algo como propio nuestro, sino que nuestra capacidad viene de Dios, 6el cual también nos hizo idóneos para ser ministros de una nueva alianza, no de la letra, sino del Espíritu; porque la letra mata, pero el Espíritu da vida.

7Pues si el ministerio de muerte, grabado con letras sobre piedras, resultó glorioso, hasta el punto de que los hijos de Israel no podían fijar su vista en el rostro de Moisés a causa de la gloria de su rostro, que era perecedera, 8¿con cuánta mayor razón será más glorioso el ministerio del Espíritu? 9Porque si el ministerio de la condenación fue glorioso, mucho más abunda en gloria el ministerio de la justicia. 10Y verdaderamente, aquella glorificación deja de ser gloriosa en comparación con esta gloria eminente. 11Porque si lo perecedero pasó por un momento de gloria, con mucha más razón lo duradero permanece en gloria.

12Teniendo, pues, esta esperanza, procedemos completamente confiados, 13y no como Moisés, que se ponía un velo sobre la cara para que los hijos de Israel no se fijasen en el final de lo que estaba destinado a perecer. 14Pero sus inteligencias se embotaron. En efecto, hasta el día de hoy perdura en la lectura del Antiguo Testamento ese mismo velo, sin haberse descorrido, porque sólo en Cristo desaparece; 15verdaderamente, hasta hoy, siempre que se lee a Moisés, está puesto un velo sobre sus corazones; 16pero cuando se conviertan al Señor, será quitado el velo. 17El Señor es Espíritu, y donde está el Espíritu del Señor hay libertad. 18Todos nosotros, que con el rostro descubierto reflejamos como en un espejo la gloria del Señor, vamos siendo transformados en su misma imagen, cada vez más gloriosos, conforme obra en nosotros el Espíritu del Señor.

Sinceridad de su conducta

42 Co1Por eso, teniendo este ministerio por la misericordia que se nos hizo, no desfallecemos. 2Antes bien, nos abstuvimos de los disimulos vergonzosos, no procediendo con astucia ni falsificando la palabra de Dios, sino recomendándonos a nosotros mismos ante toda conciencia humana por la manifestación de la verdad delante de Dios.

3Y si todavía nuestro evangelio está velado, lo está para los que se pierden, 4para los incrédulos, cuyas inteligencias cegó el dios de este mundo para que no vean la luz del Evangelio glorioso de Cristo, el cual es la imagen de Dios. 5Pues no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor, y a nosotros como siervos de ustedes por Jesús. 6Porque el mismo Dios que mandó: «Del seno de las tinieblas brille la luz», hizo brillar la luz en nuestros corazones, para que irradien el conocimiento de la gloria de Dios que está en el rostro de Cristo.

Tribulaciones del Apóstol

7Pero llevamos este tesoro en vasos de barro, para que se reconozca que la sobreabundancia del poder es de Dios y que no proviene de nosotros: 8en todo atribulados, pero no angustiados; perplejos, pero no desesperados; 9perseguidos, pero no abandonados; derribados, pero no aniquilados, 10llevando siempre en nuestro cuerpo el morir de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo. 11Porque nosotros, aunque vivimos, nos vemos continuamente entregados a la muerte por causa de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal. 12De manera que en nosotros actúe la muerte, y en ustedes la vida.

Sostenido por la esperanza del Cielo

13Pero teniendo el mismo espíritu de fe —según lo que está escrito: Creí, por eso hablé—, también nosotros creemos, y por eso hablamos, 14sabiendo que quien resucitó al Señor Jesús también nos resucitará con Jesús y nos pondrá a su lado con ustedes. 15Porque todo es para su bien, a fin de que la gracia, multiplicada a través de muchos, haga abundar la acción de gracias para la gloria de Dios. 16Por eso no desfallecemos; al contrario, aunque nuestro hombre exterior se vaya desmoronando, nuestro hombre interior se va renovando día a día. 17Porque la leve tribulación de un instante se convierte para nosotros, incomparablemente, en una gloria eterna y consistente, 18ya que nosotros no ponemos nuestros ojos en las cosas visibles, sino en las invisibles; pues las visibles son pasajeras, y en cambio las invisibles, eternas.

52 Co1Porque sabemos que, si la tienda de nuestra mansión terrena se deshace, tenemos un edificio que es de Dios, una casa no hecha por mano de hombre, sino eterna, en los cielos. 2Y así gemimos en esta tienda anhelando revestirnos de nuestra mansión celestial, 3si es que entonces somos encontrados vestidos y no desnudos. 4Realmente mientras moramos en esta tienda, gemimos oprimidos, porque no queremos ser desvestidos, sino revestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida. 5Pero quien nos ha preparado para este fin es Dios, el cual nos ha dado como arras el Espíritu.

6Por eso, siempre estamos llenos de buen ánimo, aun sabiendo que mientras moramos en el cuerpo, estamos en destierro lejos del Señor, 7pues caminamos en la fe y no en la visión. 8Así pues, estamos llenos de buen ánimo y preferimos salirnos de este cuerpo y volver junto al Señor. 9Por eso, tanto ahora en el cuerpo como fuera de él, nos empeñamos en agradarle. 10Porque todos debemos comparecer ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba conforme a lo bueno o malo que hizo durante su vida mortal.

El ministerio de la reconciliación

11Por tanto, conscientes del temor del Señor, intentamos persuadir a los hombres: aparecemos como somos delante de Dios y espero también aparecer como soy delante de sus conciencias. 12No vamos a recomendarnos otra vez ante ustedes, sino que les damos ocasión para gloriarse de nosotros, a fin de que sepan responder a quienes se glorían en lo aparente y no en el corazón. 13En efecto, si hacemos el loco, es por Dios; si somos sensatos, es por ustedes.

14Porque el amor de Cristo nos urge, persuadidos de que si uno murió por todos, en consecuencia todos murieron. 15Y murió por todos a fin de que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos. 16De manera que desde ahora no conocemos a nadie según la carne; y si conocimos a Cristo según la carne, ahora ya no lo conocemos así. 17Por tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva criatura: lo viejo pasó, ya ha llegado lo nuevo.

18Y todo proviene de Dios, que nos reconcilió con él por medio de Cristo y nos confirió el ministerio de la reconciliación. 19Porque en Cristo, Dios estaba reconciliando al mundo consigo, sin imputarle sus delitos, y puso en nosotros la palabra de reconciliación. 20Somos, pues, embajadores en nombre de Cristo, como si Dios los exhortase por medio de nosotros. En nombre de Cristo les rogamos: reconcíliense con Dios. 21A él, que no conoció pecado, lo hizo pecado por nosotros, para que llegásemos a ser en él justicia de Dios.

El Apóstol, digno ministro de Dios

62 Co1Como colaboradores suyos los exhortamos también a que no reciban en vano la gracia de Dios. 2Porque dice:

En el tiempo favorable te escuché.

Y en el día de la salvación te ayudé.

Miren, ahora es el tiempo favorable, ahora es el día de la salvación. 3A nadie damos motivo alguno de escándalo, para que no sea desacreditado nuestro ministerio, 4sino que en todo nos acreditamos como ministros de Dios: con mucha paciencia, en tribulaciones, necesidades y angustias; 5en azotes, prisiones y tumultos; en fatigas, desvelos y ayunos; 6con pureza, con ciencia, con longanimidad, con bondad, en el Espíritu Santo, con caridad sincera, 7con la palabra de la verdad, con el poder de Dios; mediante las armas de la justicia, en la derecha y en la izquierda; 8en honra y deshonra, en calumnia y en buena fama; como impostores, siendo veraces; 9como desconocidos, siendo bien conocidos; como moribundos, y ya ven que vivimos; como castigados, pero no muertos; 10como tristes, pero siempre alegres; como pobres, pero enriqueciendo a muchos; como quienes nada tienen, aunque poseyéndolo todo.

III. LLAMADA DE SAN PABLO AL CORAZÓN
DE LOS CORINTIOS

Amor del Apóstol a los corintios

11¡Corintios! Les hemos hablado con sinceridad y nuestro corazón se ha ensanchado. 12No están estrechos dentro de nosotros, sino que es en sus entrañas donde se da la estrechez. 13Para corresponder del mismo modo —como a hijos les hablo—, ensánchense también ustedes.

Relaciones con los paganos

14No se unzan a un mismo yugo con los infieles. Porque ¿qué tiene que ver la justicia con la iniquidad? ¿O qué tienen de común la luz y las tinieblas? 15¿Y qué armonía cabe entre Cristo y Belial? ¿O qué parte tiene el creyente con el infiel? 16¿Y cómo es compatible el templo de Dios con los ídolos? Porque ustedes son el templo de Dios vivo, según dijo Dios:

Yo habitaré y caminaré en medio de ellos,

y seré su Dios y ellos serán mi pueblo.

17Por eso, salgan de en medio de ellos

y sepárense, dice el Señor.

No toquen nada impuro,

y Yo los acogeré,

18y Yo seré para ustedes Padre,

y ustedes serán para mí hijos e hijas,

dice el Señor Todopoderoso.

72 Co1Por tanto, queridísimos, teniendo estas promesas, purifiquémonos de toda mancha de carne y de espíritu, llevando a término la santificación en el temor de Dios.

Alegría por las noticias traídas por Tito

2Hágannos un sitio en sus corazones. Con nadie nos hemos portado injustamente, a nadie le hemos perjudicado, contra nadie hemos cometido fraude. 3No hablo con intención de condenarlos; porque ya les he dicho que están en nuestro corazón, para morir y vivir juntos. 4Tengo mucha confianza al hablarles, me siento muy orgulloso de ustedes: estoy lleno de consuelo, rebosante de gozo en todas nuestras tribulaciones. 5Porque cuando llegamos a Macedonia, nuestro cuerpo no tuvo tranquilidad alguna, sino que fuimos atribulados en todo: por fuera, luchas; por dentro, temores.

6Pero Dios, que consuela a los humildes, nos consoló con la llegada de Tito; 7y no sólo con su llegada, sino también con el consuelo que le han proporcionado, comunicándonos su ansia, su llanto, su celo por mí, de manera que mi alegría creció aún más.

8Pues aunque los entristecí con mi carta, no me arrepiento. Y aunque me llegué a arrepentir —viendo que aquella carta, aunque fuera sólo por un momento, los entristeció—, 9ahora me alegro, no porque los entristeciera, sino porque su tristeza los movió a penitencia, pues se entristecieron según Dios; de manera que no han padecido ningún daño por causa nuestra. 10Porque la tristeza según Dios produce un arrepentimiento saludable, del que uno jamás se arrepiente; mientras que la tristeza del mundo produce la muerte. 11En efecto, miren cuánto desvelo les ha causado esta tristeza según Dios; es más: qué excusas, qué indignación, qué temor, qué ansia, qué celo, qué castigo. En todo han demostrado ser inocentes en este asunto. 12Por eso, si les escribí, no fue a causa del que cometió el agravio ni a causa del que lo sufrió, sino para que se manifestara ante Dios su desvelo por nosotros. 13Esto es lo que nos ha consolado.

Pero aparte de este consuelo nuestro nos alegramos mucho más por el gozo de Tito, ya que su espíritu ha sido reconfortado por todos ustedes. 14Porque si en algo me había gloriado de ustedes ante él, no he quedado avergonzado, sino que así como en todo les había dicho la verdad, así también ha resultado verdadero nuestro motivo de gloria ante Tito. 15Y su cariño hacia ustedes se acrecienta aún más al recordar su obediencia unánime, cómo le recibieron con temor y temblor. 16Me alegro de poder confiar para todo en ustedes.

SEGUNDA PARTE:
LA COLECTA EN FAVOR
DE LOS FIELES DE JERUSALÉN

Ejemplo de los macedonios

82 Co1Les hacemos saber, hermanos, la gracia de Dios concedida a las iglesias de Macedonia. 2En medio de una gran tribulación con que han sido probados, su rebosante gozo y su extrema pobreza se desbordaron en tesoros de generosidad; 3porque doy testimonio de que según sus posibilidades, y aun por encima de ellas, espontáneamente 4nos pidieron con mucha insistencia la gracia de participar en el servicio a favor de los santos. 5Y no sólo como esperábamos, sino que se dieron a sí mismos, primeramente al Señor y luego, por voluntad de Dios, a nosotros. 6De manera que rogamos a Tito que, según había comenzado, así llevase a cabo esta gracia también entre ustedes.

Llamada a la generosidad de los corintios

7Y así como tienen abundancia de todo —de fe, de palabra, de ciencia, de todo desvelo y de la caridad que les hemos comunicado—, sean también abundantes en esta gracia. 8No lo digo como una orden, sino que, mediante el desvelo por otros, quiero probar también la autenticidad de su caridad. 9Porque conocen la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que, siendo rico, se hizo pobre por ustedes, para que ustedes sean ricos por su pobreza. 10Y en esto les doy un consejo, porque es lo que les conviene: puesto que desde el año pasado han sido los primeros no sólo en realizar esto, sino también en desearlo. 11Así que ahora llévenlo también a cabo de modo que, la misma buena disposición que tuvieron para desearlo, la tengan también para ponerlo en práctica, con arreglo a sus posibilidades. 12Porque al que tiene buena disposición se le acepta lo que tiene, sin importar lo que no tiene. 13Pues no se trata de que para otros haya desahogo y para ustedes apuros, sino de que, según las normas de la igualdad, 14su abundancia remedie ahora su necesidad, para que la abundancia de ellos pueda remediar su necesidad, a fin de que haya equidad, según está escrito: 15El que mucho recogió no tuvo de más; y el que recogió poco no tuvo de menos.

San Pablo elogia a los encargados de la colecta

16Gracias sean dadas a Dios, que puso en el corazón de Tito el mismo desvelo por ustedes, 17porque no sólo acogió mi ruego, sino que con gran interés, por propia iniciativa partió hacia ustedes. 18Y con él enviamos al hermano, cuya alabanza por la predicación del Evangelio se extiende a todas las iglesias; 19y no sólo esto, sino que además fue designado por las iglesias como nuestro compañero de viaje en esta obra de gracia, administrada por nosotros para la gloria del mismo Señor y para manifestar nuestra buena disposición, 20evitando así que nadie nos desacredite con motivo de esta copiosa cantidad que administramos. 21Porque procuramos hacer el bien, no sólo ante Dios, sino también ante los hombres. 22Enviamos con ellos a nuestro hermano, cuyo interés con frecuencia hemos puesto a prueba en muchos asuntos, interés que ahora es mucho mayor por la gran confianza que tiene en ustedes.

23Por lo que se refiere a Tito, es mi compañero y colaborador en favor suyo; en cuanto a los demás hermanos, son enviados de las iglesias, gloria de Cristo. 24Muestren, por tanto, su caridad y los motivos de nuestro orgullo por ustedes ante ellos y ante las iglesias.

Exhortación a la rapidez

92 Co1Sobre el servicio en favor de los santos, resulta superfluo que les siga escribiendo, 2porque conozco su buena disposición, por la cual me glorío de ustedes ante los macedonios: Acaya está preparada desde el año pasado y su celo sirvió de estímulo a muchos. 3Sin embargo, envío a los hermanos, para que nuestros elogios sobre ustedes no resulten vanos en este asunto y, según he dicho, estén preparados; 4no sea que, si llegan conmigo los de Macedonia, los encuentren desprevenidos y quedemos avergonzados nosotros, por no decir ustedes. 5Por eso estimé necesario rogar a los hermanos que fuesen por delante donde ustedes, y preparasen de antemano su prometida bendición, para que así esté preparada como una bendición y no como una obra de tacañería.

Frutos de la limosna generosa

6Les digo esto: quien siembra escasamente, escasamente cosechará; y quien siembra copiosamente, copiosamente cosechará. 7Que cada uno dé según se ha propuesto en su corazón, no de mala gana ni forzado, porque Dios ama al que da con alegría. 8Y poderoso es Dios para colmarlos de toda gracia, para que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo necesario, tengan abundancia en toda obra buena, 9según está escrito:

Repartió con largueza, dio a los pobres;

su justicia permanece para siempre.

10Aquel que provee de semilla al sembrador y de pan para comer, les dará y multiplicará la semilla y acrecentará los frutos de su justicia. 11Así serán enriquecidos en todo para toda obra generosa, que mediante nosotros fructifica en acción de gracias a Dios. 12Porque la prestación de este sagrado servicio no sólo viene a remediar las necesidades de los santos, sino que redunda también en múltiples acciones de gracias a Dios. 13Al comprobar este servicio, glorificarán a Dios por su obediente confesión del Evangelio de Cristo, y por la generosidad de su comunión con ellos y con todos; 14y también con su oración por ustedes, a quienes tanto aman por la gracia sobreabundante que Dios les ha dado. 15Gracias a Dios por su don indescriptible.

TERCERA PARTE:
APOLOGÍA DE SAN PABLO

IV. RESPUESTA A ALGUNAS ACUSACIONES

Decidido a usar su autoridad apostólica

102 Co1Yo personalmente, Pablo —que cuando estoy presente entre ustedes soy tímido, pero ausente soy audaz—, los exhorto por la mansedumbre y la benignidad de Cristo. 2Ruego que, cuando esté presente, no tenga que mostrarme audaz, con la confianza con que pienso obrar resueltamente contra algunos que nos tienen como si procediésemos según la carne. 3Porque, aunque vivimos en la carne, no militamos según la carne; 4porque las armas de nuestro combate no son carnales, sino que Dios las hace poderosas para derribar fortalezas: deshacemos sofismas 5y toda altanería que se levanta contra la ciencia de Dios, y sometemos a la obediencia de Cristo, como a un prisionero, a todo entendimiento, 6dispuestos a castigar toda desobediencia cuando su obediencia sea completa.

7Sólo ven según las apariencias. Si alguno se cree que es de Cristo, que tenga también en cuenta esto: tan de Cristo somos nosotros como él. 8Pues aunque yo me excediera un poco en gloriarme de la potestad que el Señor nos dio para su bien, y no para su ruina, no tendría de qué avergonzarme. 9Y que nadie piense que pretendo atemorizarlos con mis cartas. 10Porque hay quien dice: «Sus cartas son duras y fuertes, pero en persona es poca cosa, y su palabra no vale nada». 11Que tenga en cuenta ése que lo mismo que decimos en nuestras cartas, estando ausentes, eso mismo haremos cuando estemos presentes.

Su campo de trabajo incluye Corinto

12Porque no nos atrevemos a equipararnos ni a compararnos con algunos que se recomiendan a sí mismos; pues ellos, midiéndose según su opinión y tomándose a sí mismos por medida, proceden con insensatez. 13Nosotros, en cambio, no nos gloriaremos desmedidamente, sino que tomamos por medida los límites que Dios nos ha asignado, que también los deben alcanzar a ustedes. 14Al incluirlos no nos hemos excedido, porque nosotros fuimos los primeros en predicarles el Evangelio de Cristo. 15No nos gloriamos desmedidamente atribuyéndonos los frutos del trabajo ajeno, sino que tenemos la esperanza de que, creciendo su fe, con ustedes nuestros límites se ampliarán cada vez más, 16hasta evangelizar a los que están más allá de ustedes, sin gloriarnos en campo ajeno con trabajos ya realizados por otros.

17El que se gloría, que se gloríe en el Señor. 18Pues no es hombre probado quien se recomienda a sí mismo, sino aquel a quien el Señor recomienda.

V. MOTIVOS DE GLORIA DEL APÓSTOL

Celo de San Pablo por los corintios

112 Co1¡Ojalá pudieran soportar un poco mi necedad! ¡Pero sí, sopórtenme! 2Porque estoy celoso de ustedes con celo de Dios: los he desposado con un solo esposo para presentarlos a Cristo como a una virgen casta. 3Pero temo que, como la serpiente sedujo a Eva con su astucia, así se corrompan sus pensamientos, y se aparten de la sinceridad y castidad debidas a Cristo. 4Porque si viniera alguno anunciando un Jesús distinto del que les hemos predicado, o recibieran un espíritu distinto del que han recibido, o un Evangelio distinto del que han abrazado, de buena gana lo soportarían. 5Pues yo en nada me considero inferior a esos «superapóstoles»; 6y, aunque soy inexperto en la elocuencia, no lo soy en la ciencia, sino que en todo y en presencia de todos se los hemos manifestado.

Rectitud con que predica el Evangelio

7¿Acaso cometí pecado cuando, rebajándome yo para ensalzarlos a ustedes, les prediqué gratis el Evangelio de Dios? 8Despojé a otras iglesias, aceptando que cubrieran mis necesidades para servirlos a ustedes; 9y estando entre ustedes y hallándome necesitado, no fui gravoso a nadie, pues fueron los hermanos llegados de Macedonia quienes remediaron mi necesidad; y en todo me cuidé mucho y me cuidaré de serles gravoso. 10Por la verdad de Cristo, que está en mí, les aseguro que esta gloria no me será arrebatada en las regiones de Acaya.

11¿Por qué? ¿Porque no los amo? ¡Dios lo sabe! 12Y lo que hago lo seguiré haciendo, para quitar toda ocasión a los que buscan un pretexto para gloriarse de ser considerados iguales a nosotros. 13Porque éstos son unos falsos apóstoles, unos obreros engañosos, que se disfrazan de apóstoles de Cristo. 14Y nada tiene de extraño, pues el mismo Satanás se transforma en ángel de luz. 15Por tanto, no es algo extraordinario que también sus ministros se transfiguren en ministros de justicia. Su final será según sus obras.

Se excusa por gloriarse

16Repito: que nadie me tome por necio; en todo caso, aunque sea como a un necio, permítanme que también yo pueda gloriarme un poco. 17Lo que voy a decir a propósito de mi jactancia, no lo digo según el Señor, sino como si fuera un insensato. 18Dado que muchos se glorían según la carne, también lo haré yo. 19Porque ustedes, que son tan sensatos, soportan con gusto a los insensatos; 20pues soportan que los esclavicen, que los devoren, que les roben, que los traten con altanería, que los abofeteen. 21Con vergüenza lo digo: nos hemos mostrado débiles.

Padecimientos por Cristo

En cualquier cosa que alguien presuma —lo digo como un insensato— también presumo yo. 22¿Son hebreos? También yo. ¿Son israelitas? También yo. ¿Son descendencia de Abrahán? También yo. 23¿Son ministros de Cristo? Pues —delirando hablo— yo más: en fatigas, más; en cárceles, más; en azotes, mucho más. En peligros de muerte, muchas veces. 24Cinco veces recibí de los judíos cuarenta azotes menos uno, 25tres veces me azotaron con varas, una vez fui lapidado, tres veces naufragué, un día y una noche pasé náufrago en alta mar. 26En mis repetidos viajes sufrí peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi raza, peligros de los gentiles, peligros en ciudad, peligros en despoblado, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos; 27trabajos y fatigas, frecuentes vigilias, con hambre y sed, con frecuentes ayunos, con frío y desnudez. 28Y además de otras cosas, mi responsabilidad diaria: el desvelo por todas las iglesias. 29¿Quién desfallece sin que yo desfallezca? ¿Quién tiene un tropiezo sin que yo me abrase de dolor?

30Si es preciso gloriarse, me gloriaré en mis flaquezas. 31El Dios y Padre del Señor Jesús —que es bendito por siempre— sabe que no miento. 32En Damasco, el gobernador del rey Aretas custodiaba la ciudad de los damascenos para prenderme, 33y, por una ventana, fui descolgado en una espuerta muralla abajo y pude escapar de sus manos.

Visiones y revelaciones

122 Co1¿Hay que gloriarse? Aunque no conviene, hablaré de las visiones y revelaciones del Señor. 2Conozco a un hombre en Cristo, que hace catorce años —si en el cuerpo, no lo sé, si fuera del cuerpo, tampoco lo sé: Dios lo sabe— fue arrebatado hasta el tercer cielo. 3Y sé que este hombre —si en el cuerpo o fuera del cuerpo, no lo sé: Dios lo sabe— 4fue arrebatado al paraíso y oyó palabras inefables que al hombre no es lícito pronunciar. 5De ese hombre me gloriaré, pero de mí mismo no me gloriaré, si no es de mis flaquezas. 6Pero aunque quisiera gloriarme, no sería un necio, pues diría la verdad. Sin embargo me abstengo, para que nadie me atribuya algo por encima de lo que ve en mí o de mí oye, 7o a causa de la grandeza de las revelaciones. Por eso, para que no me engría, me fue clavado un aguijón en la carne, un ángel de Satanás, para que me abofetee, y no me envanezca. 8Por esto, rogué tres veces al Señor que lo apartase de mí; 9pero Él me dijo: «Te basta mi gracia, porque la fuerza se perfecciona en la flaqueza». Por eso, con sumo gusto me gloriaré más todavía en mis flaquezas, para que habite en mí la fuerza de Cristo. 10Por lo cual me complazco en las flaquezas, en los oprobios, en las necesidades, en las persecuciones y angustias, por Cristo; pues cuando soy débil, entonces soy fuerte.

Se excusa de nuevo por haberse gloriado

11He hablado como un necio: ustedes me obligaron. Porque yo debía haber sido recomendado por ustedes, pues en nada fui inferior a esos «superapóstoles», aunque no soy nada. 12Las señales de ser apóstol se cumplieron entre ustedes, por medio de toda paciencia, de signos, prodigios y milagros. 13Pues ¿en qué han sido inferiores a las otras iglesias, excepto en que yo personalmente no les he sido gravoso? Perdónenme este agravio.

14Miren, por tercera vez estoy a punto de ir donde ustedes, y no les seré gravoso; porque no busco sus bienes, sino a ustedes. Pues no son los hijos los que deben atesorar para los padres, sino los padres para los hijos. 15Por mi parte, muy gustosamente gastaré y me desgastaré por sus almas. Si los amo más, ¿seré yo menos amado?

16Es verdad, yo no les fui gravoso; pero, siendo astuto, los capturé con engaño. 17¿Acaso los exploté con alguno de los que los he enviado? 18A Tito lo exhorté y lo envié con el hermano. ¿Acaso Tito los explotó? ¿No procedimos los dos según el mismo espíritu? ¿No seguimos las mismas pisadas?

VI. LA PRÓXIMA VISITA DEL APÓSTOL

La razón de su apología

19Desde hace rato estarán pensando que nos estamos justificando ante ustedes. En la presencia de Dios, en Cristo, estamos hablando; y todo, queridísimos, para su edificación. 20Porque temo que, cuando llegue, no los encuentre como yo quisiera y ustedes no me encuentren como quisieran; que haya quizá contiendas, envidias, iras, rivalidades, maledicencias, murmuraciones, engreimientos, sediciones; 21que al llegar de nuevo, mi Dios me humille entre ustedes y tenga que llorar por muchos de los que antes pecaron y no se convirtieron de la impureza, fornicación y lascivia que habían cometido.

Recomendaciones para su próxima visita

132 Co1Ahora, por tercera vez, voy donde ustedes: Por el testimonio de dos o tres testigos se zanjará todo asunto. 2Se los he dicho ya y, como lo dije estando presente la segunda vez, así lo repito ahora ausente a los que antes habían pecado y a todos los demás: si vuelvo otra vez, no seré indulgente, 3puesto que buscan una prueba de que en mí habla Cristo, que no es débil con ustedes, sino que muestra su fuerza en ustedes. 4Porque, aunque fue crucificado en razón de la flaqueza, vive por el poder de Dios. Porque también nosotros somos débiles en él, pero viviremos con él por el poder de Dios sobre ustedes.

5Examínense ustedes mismos si se mantienen en la fe. Pruébense a ustedes mismos, ¿o es que no reconocen, por su parte, que Cristo Jesús está en ustedes? A no ser que estén reprobados. 6Espero que sepan que nosotros no estamos reprobados. 7Pedimos, sin embargo, a Dios que no cometan ningún mal; no para que nosotros seamos considerados hombres probados, sino para que ustedes practiquen el bien, aun cuando nosotros aparezcamos como reprobados. 8Porque nada podemos contra la verdad, sino en favor de la verdad. 9En efecto, nos alegramos cuando somos débiles y ustedes fuertes. Y es eso lo que pedimos: su perfección. 10Por eso les escribo esto estando ausente, para que, cuando esté presente, no tenga que proceder con severidad, conforme a la potestad que el Señor me confirió para edificar, y no para destruir.

VII. DESPEDIDA

11Por lo demás, hermanos, alégrense, sean perfectos, exhórtense, tengan un mismo sentir, vivan en paz, y el Dios de la caridad y de la paz estará con ustedes. 12Salúdense unos a otros con el beso santo. Todos los santos los saludan.

13La gracia del Señor Jesucristo y el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo estén con todos ustedes.