COMENTARIO
Responde ahora a la acusación de jactarse de su trabajo apostólico en Corinto. El Apóstol está satisfecho del fruto de su ministerio, pero en ningún momento se atribuye lo que otros hayan podido conseguir. Sólo se apoya en Dios, a tenor de las palabras de Jr 9,22 (v. 17). Enseña así el valor relativo de los juicios humanos: «Hermanos míos, si yo tuviere que presentarme ante vuestro tribunal, con razón me gloriaría de vuestras alabanzas. Y si tuviese que ser juzgado por mi misma conciencia, satisfecho de mi propio testimonio, me deleitaría en mis alabanzas. Mas, puesto que he de presentarme no ante vuestro juicio ni ante el mío, sino ante el de Dios, ¿qué gran insensatez, más aún, qué gran locura será gloriarme de vuestro testimonio o del mío, principalmente siendo Él tal, que todas las cosas están desnudas y abiertas a sus ojos, y no tiene necesidad de que alguno le dé testimonio humano?» (S. Bernardo, Sermones de diversis 7,2).