COMENTARIO

 2 Co 12,1-10 

Pablo tuvo abundantes visiones y revelaciones durante su vida (cfr Hch 9,1-8; 22,17-21; 1 Co 15,8; Ga 1,12), hasta el punto de ser transportado al tercer cielo, es decir a la morada misma de Dios (v. 2). También en esto era superior a sus adversarios tan aficionados a los fenómenos extraordinarios.

«Me fue clavado un aguijón en la carne» (v. 7). San Juan Crisóstomo ve en esta expresión las tribulaciones y continuas persecuciones antes mencionadas. San Agustín, por su parte, piensa que se trata de una enfermedad física, crónica y molesta. Sólo a partir de San Gregorio Magno comenzó a hablarse de tentaciones de concupiscencia. En todo caso, este gesto de sencillez por parte del Apóstol y la consiguiente respuesta divina «te basta mi gracia» (v. 10) son fuente de innumerables enseñanzas para la lucha ascética, pues enseñan que la actitud cristiana ante la propia debilidad es confiar en la ayuda divina. «Porque Dios libra de las tribulaciones no cuando las hace desaparecer (…), sino cuando con la ayuda de Dios no nos abatimos al sufrir tribulación» (Orígenes, De oratione 30,1).

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