COMENTARIO

 2 Co 12,11-18 

En este epílogo del «discurso del necio» repite el elemento más visible que avala su legitimidad apostólica, el desinterés económico, pues Pablo sólo buscó el bien de los corintios, no sus bienes (v. 14). Tampoco sus colaboradores vivieron a costa de sus fieles (vv. 16-18). Son así ejemplo para los ministros de la Iglesia, que no deben anteponer su propio beneficio al bien de las almas: «Iluminad las mentes, dirigid las conciencias, confortad y sostened a las almas que se debaten en la duda y gimen en el dolor. A estas principales obras de apostolado, unid todas aquellas que las necesidades de los tiempos exigen; pero que a todos les quede bien claro que el sacerdote, en todas sus actividades, no busca ninguna otra cosa aparte del bien de las almas; que no mira más que a Cristo, al que consagra sus fuerzas y todo su ser» (Pío XII, Menti nostrae).

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