COMENTARIO
El motivo de la acción de gracias es la fidelidad de los tesalonicenses en medio de las dificultades y su paciencia al soportar las persecuciones. San Juan Pablo II, comentando este pasaje, escribe: «La participación en los sufrimientos de Cristo es, al mismo tiempo, sufrimiento por el reino de Dios. (…) Cristo nos ha introducido en este reino mediante su sufrimiento. Y también mediante el sufrimiento maduran para el mismo reino los hombres, envueltos en el misterio de la redención de Cristo» (Salvifici doloris, n. 21).
«Vuestra fe crece» (v. 3). La fe ha de aumentar, ha de ser viva. La fe crece cuando va unida a la caridad. El Apóstol se alegra por lo que ve entre los cristianos de Tesalónica, donde el ejercicio de la fe y la caridad mutua mantuvieron la entereza de ánimo y la alegría, aun en medio de las persecuciones y tribulaciones. «Ved que la caridad y unión recíproca de los fieles entre sí es un gran socorro para resistir los males y soportar con entereza las aflicciones —indica San Juan Crisóstomo—. En esa honda fraternidad se encuentra el más grande consuelo. Las aflicciones sólo hacen tambalearse a una fe débil y a una caridad imperfecta; pero una fe sólida y robusta encuentra en ellas la ocasión de afianzarse. Mientras que un alma débil y lánguida no encuentra en el dolor ningún elemento de fuerza, el alma generosa apoya sobre él un nuevo impulso de energía» (In 2 Thessalonicenses, ad loc.).