COMENTARIO
El Señor es justo y retribuirá a cada uno según justicia. La realidad del castigo no ha de ser el primer motivo que induzca a ser fieles a Dios —debe serlo el amor—, pero tampoco debe olvidarse el riesgo de permanecer eternamente separado del Señor. Incurre en él quien se aparta voluntariamente de Dios mediante el pecado y persiste en ese apartamiento hasta el final de su vida. Por eso, la Iglesia, al presentar los dones en la Eucaristía, pide confiadamente: «Acepta, Señor, en tu bondad, esta ofrenda de tus siervos y de toda tu familia santa, ordena en tu paz nuestros días, líbranos de la condenación eterna y cuéntanos entre tus elegidos» (Misal Romano, Canon Romano 88).