COMENTARIO
La carta instruye a Timoteo, discípulo de San Pablo, en su ministerio al frente de la iglesia de Éfeso. Se le urge a la defensa de la recta doctrina (1,3-20) y se le instruye sobre la oración de la comunidad (2,1-15), las cualidades de los ministros en la Iglesia (3,1-16), el modo de enseñar y comportarse, y sobre la conducta de algunos cristianos en particular (4,1-6,19).
«Dios, nuestro salvador» (v. 1). El título de «salvador» era aplicado en el mundo grecorromano a los emperadores y dioses paganos. En las Cartas Pastorales, en continuidad con el Antiguo Testamento, se aplica a Dios (2,3; 4,10; Tt 1,3; 2,10; 3,4), quien lleva a cabo su misión salvadora por medio de Jesucristo. San Juan Crisóstomo comenta: «Sufrimos muchos males, pero tenemos grandes esperanzas; estamos expuestos a peligros y asechanzas, pero tenemos un Salvador, que no es un hombre, sino Dios. A nuestro Salvador no le pueden faltar las fuerzas, puesto que es Dios, y por grandes que sean los peligros, los superaremos» (In 1 Timotheum, ad loc.).
«Gracia, misericordia y paz» (v. 2). Se añaden los deseos de «misericordia» a los ya tradicionales de «gracia y paz» (cfr Rm 1,7; 1 Co 1,3; 2 Co 1,2; etc.). Esta peculiaridad posiblemente tiene como fin subrayar la salvación obrada por Cristo, pues en el lenguaje bíblico pedir misericordia es pedir salvación.