11 Tm1Pablo, apóstol de Cristo Jesús por disposición de Dios, nuestro Salvador, y de Cristo Jesús, nuestra esperanza, 2a Timoteo, verdadero hijo en la fe: gracia, misericordia y paz de parte de Dios Padre y de Cristo Jesús, Señor nuestro.
3Ya te encarecí, al marcharme a Macedonia, que permanecieras en Éfeso para que ordenases a algunos que no enseñaran doctrinas diferentes, 4ni prestaran atención a mitos y genealogías interminables, que más que servir al designio de Dios en la fe fomentan discusiones.
5El fin de este mandato es la caridad, que brota de un corazón limpio, una conciencia buena y una fe sincera. 6Algunos, al apartarse de esto, se han convertido en charlatanes, 7pretendiendo ser doctores de la ley cuando no entienden lo que dicen ni lo que rotundamente afirman.
8Sabemos que la Ley es buena si uno la usa legítimamente, 9teniendo en cuenta que la Ley no se ha dado para el justo sino para quienes no admiten norma ni sometimiento, para los impíos y pecadores, sacrílegos y profanadores, parricidas y matricidas, homicidas, 10adúlteros, sodomitas, traficantes de hombres, mentirosos, perjuros y para todo cuanto se opone a la sana doctrina, 11según el Evangelio de la gloria del Dios bienaventurado, que me ha sido confiado.
12Doy gracias a aquel que me ha llenado de fortaleza, a Jesucristo nuestro Señor, porque me ha considerado digno de su confianza al conferirme el ministerio, 13a mí, que antes era blasfemo, perseguidor e insolente. Pero alcancé misericordia porque actué por ignorancia cuando no tenía fe. 14Y sobreabundó en mí la gracia de nuestro Señor, junto con la fe y la caridad, en Cristo Jesús.
15Pueden estar seguros y aceptar plenamente esta verdad: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, y de ellos el primero soy yo. 16Pero por eso he alcanzado misericordia, para que yo fuera el primero en quien Cristo Jesús mostrase toda su longanimidad, y sirviera de ejemplo a quienes van a creer en él para llegar a la vida eterna.
17Al rey de los siglos, al inmortal, invisible y único Dios, honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén.
18Este mandato te confío, Timoteo, hijo mío, conforme a las profecías hechas sobre ti anteriormente: que de acuerdo con ellas milites en este noble combate, 19mantengas la fe y la buena conciencia. Algunos, por haberla desechado, naufragaron en la fe. 20Entre ellos están Himeneo y Alejandro, a quienes entregué a Satanás para que aprendan a no blasfemar.
21 Tm1Por eso, te encarezco ante todo que se hagan súplicas, oraciones, peticiones y acciones de gracias por todos los hombres, 2por los emperadores y todos los que ocupan altos cargos, para que pasemos una vida tranquila y serena con toda piedad y dignidad. 3Todo ello es bueno y agradable ante Dios, nuestro Salvador, 4que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad.
5Porque uno solo es Dios
y uno solo también el mediador
entre Dios y los hombres:
Jesucristo hombre,
6que se entregó a sí mismo en redención por todos.
Éste es el testimonio dado a su debido tiempo.
7Yo he sido constituido mensajero y apóstol de ese testimonio —digo la verdad, no miento—, doctor de los gentiles en la fe y en la verdad.
8Por tanto, quiero que los hombres hagan oración en todo lugar, alzando sus manos inocentes, sin ira ni disensiones; 9y lo mismo las mujeres, vestidas decorosamente, arregladas con modestia y sobriedad, sin trenzar el cabello con oro, sin perlas ni aderezos caros, 10sino como corresponde a mujeres que manifiestan la piedad por medio de obras buenas.
11La mujer, que aprenda con discreción, estando sujeta en todo. 12No permito que la mujer enseñe, ni que suplante la autoridad del varón, sino que debe ser discreta. 13Porque Adán fue formado primero, Eva después. 14Además, Adán no fue engañado; pero la mujer, dejándose engañar, incurrió en pecado. 15No obstante, se salvará por la maternidad, si persevera con modestia en la fe, en la caridad y en la tarea de la santificación.
31 Tm1Pueden estar seguros: si alguno aspira al episcopado, desea una noble función. 2Ahora bien, es necesario que el obispo sea irreprensible, casado una sola vez, sobrio, prudente, correcto, hospitalario, buen educador; 3que no sea bebedor ni provocador, sino moderado, no dado a las discordias ni apegado al dinero; 4que gobierne bien su propia casa y mantenga sumisos a sus hijos con toda dignidad 5—pues quien no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo podrá cuidar de la Iglesia de Dios?—; 6que no sea neófito, no vaya a ser que se llene de vanidad y caiga en la misma condena que el diablo. 7También es necesario que goce de buena fama ante los de fuera, para que no caiga en descrédito ni en las redes del diablo.
8También los diáconos deben ser dignos, sin doblez en el hablar, no aficionados al mucho vino, ni a buscar ganancias turbias, 9que guarden el misterio de la fe con una conciencia pura. 10A éstos primero se les debe someter a prueba, y después podrán ejercer el diaconado si son irreprochables. 11Las mujeres también deben ser dignas, no calumniadoras, sobrias, fieles en todo. 12Que los diáconos estén casados una sola vez, y gobiernen bien a sus hijos y su propia casa. 13Porque quienes ejercen bien el diaconado consiguen un puesto de honor y una gran confianza en lo que atañe a la fe, en Cristo Jesús.
14Te escribo esto con la esperanza de ir pronto a estar contigo; 15pero si tardo, para que así sepas cómo hay que comportarse en la casa de Dios, que es la Iglesia de Dios vivo, columna y fundamento de la verdad.
16Unánimemente confesamos que es grande el misterio de la piedad:
Él ha sido manifestado en la carne,
justificado en el Espíritu;
mostrado a los ángeles,
predicado a las naciones;
creído en el mundo,
ascendido en gloria.
41 Tm1El Espíritu dice expresamente que en los últimos tiempos algunos renegarán de la fe, por prestar atención a espíritus seductores y enseñanzas diabólicas, 2engañados por la hipocresía de los embusteros, que tienen cauterizada su propia conciencia. 3Prohíben casarse, y mandan abstenerse de alimentos que Dios creó para que los tomen con agradecimiento los fieles y quienes han conocido la verdad. 4Porque todo lo creado por Dios es bueno y no hay que rechazar nada si se toma con agradecimiento, 5pues queda santificado por la palabra de Dios y la oración.
6Si les expones esto a los hermanos, serás un buen ministro de Cristo Jesús, nutrido con las palabras de fe y buena doctrina que has seguido con fidelidad. 7Y rechaza las fábulas profanas y los cuentos de viejas.
Tú, ejercítate en la piedad. 8Porque el ejercicio corporal sirve de poco; en cambio, la piedad es útil para todo, pues contiene promesas para la vida presente y para la futura. 9Pueden estar seguros y aceptar plenamente esta verdad: 10nos fatigamos y luchamos porque tenemos puesta la esperanza en Dios vivo, que es Salvador de todos los hombres, principalmente de los fieles. 11Esto es lo que debes disponer y enseñar.
12Que nadie te menosprecie por tu juventud. Debes ser, más bien, un modelo para los fieles en el hablar, en el trato, en la caridad, en la fe y en la pureza. 13Hasta que yo llegue, pon cuidado en la lectura, la exhortación y la enseñanza. 14No descuides la gracia que hay en ti, que te fue conferida mediante la profecía junto con la imposición de manos del presbiterio. 15Medita estas cosas y pon atención en ellas, para que tu progreso sea patente a todos. 16Cuida de ti mismo y de la enseñanza. Persevera en esta disposición, pues actuando así te salvarás a ti mismo y a los que te escuchen.
51 Tm1Al anciano no le reprendas ásperamente, sino exhórtale como a un padre; a los jóvenes, como a hermanos; 2a las ancianas, como a madres; a las jóvenes, como a hermanas, con todo recato.
3Honra a las viudas que son realmente viudas. 4Si alguna viuda tiene hijos o nietos, que aprendan éstos en primer lugar a cumplir los deberes de piedad en su propia casa, y a corresponder por lo que recibieron de sus padres, pues esto agrada a Dios. 5La que es realmente viuda y se ha quedado sola tiene puesta la esperanza en Dios y persevera día y noche con plegarias y oraciones. 6Pero la que se abandona a los deleites, aunque viva, está muerta. 7Advierte también esto, para que sean irreprensibles. 8Pues si alguien no cuida de los suyos, y sobre todo de los de su casa, ha renegado de la fe y es peor que un infiel.
9Únicamente se ha de aceptar a la viuda que tenga al menos sesenta años, casada una sola vez, 10y acreditada por sus buenas obras: que haya educado bien a sus hijos, que haya practicado la hospitalidad, que haya lavado los pies a los santos, que haya socorrido a los afligidos y que se haya ejercitado en toda clase de obras buenas. 11No admitas a las viudas jóvenes, porque cuando sus pasiones se contraponen a Cristo quieren casarse, 12e incurren en culpa por quebrantar la fidelidad primera. 13También, al estar ociosas, se acostumbran a andar de casa en casa, y no sólo no hacen nada, sino que chismorrean y se meten en todo, hablando de lo que no conviene. 14Por tanto, prefiero que las jóvenes se casen, tengan hijos, gobiernen su casa y no den pie a la murmuración del adversario; 15porque ya algunas se han extraviado siguiendo a Satanás.
16Si alguna mujer fiel tiene viudas en su familia, que las asista, y no sobrecargue a la Iglesia, para que ésta pueda socorrer a las que son realmente viudas.
17Los presbíteros que presiden bien merecen un doble honor, sobre todo los que se esfuerzan en la predicación y en la enseñanza. 18Pues dice la Escritura: No pondrás bozal al buey que trilla, y el obrero merece su salario. 19No admitas una acusación contra un presbítero, si no está avalada por dos o tres testigos.
20A los que pecan repréndelos delante de todos, para que también los demás alcancen el temor. 21En la presencia de Dios y de Cristo Jesús y de los ángeles escogidos, te advierto seriamente para que cumplas estas normas, sin prejuicios, y sin actuar con favoritismos.
22No impongas las manos precipitadamente a nadie, ni te hagas cómplice de los pecados ajenos. Tú, consérvate limpio.
23No bebas agua sola; mejor toma un poco de vino a causa de tu estómago y de tus frecuentes indisposiciones.
24Los pecados de algunos hombres son notorios antes de someterlos a juicio, pero los de otros sólo se conocen después. 25Del mismo modo, también las buenas obras son manifiestas, y las que no lo son no pueden permanecer ocultas.
61 Tm1Los que están bajo el yugo de la servidumbre consideren a sus amos como dignos de todo honor, para que no se ultraje el nombre de Dios ni su doctrina. 2Los siervos de amos creyentes no han de tenerlos en menos por ser hermanos, sino al contrario, han de servirles con más empeño, puesto que son creyentes y amados los que reciben sus servicios. Esto es lo que debes enseñar y recomendar.
3Si alguno enseña otra cosa y no acepta las palabras de salvación, que son las de nuestro Señor Jesucristo y la doctrina que es conforme a la piedad, 4es un engreído y no sabe nada; pierde el juicio en disputas y en discusiones sobre palabras, de las que surgen las envidias, riñas, maledicencias y suspicacias, 5conflictos propios de hombres que tienen la inteligencia corrompida y carecen de la verdad, por pensar que la piedad es un negocio.
6En realidad, la piedad es un gran negocio cuando uno se contenta con lo suficiente. 7Pues nada hemos traído al mundo y nada podemos llevarnos de él: 8mientras tengamos alimentos y con qué cubrirnos nos daremos por contentos. 9En cambio, quienes pretenden enriquecerse caen en la tentación, en el engaño y en múltiples deseos insensatos y nocivos, que hunden a los hombres en la ruina y en la perdición. 10Pues la raíz de todos los males es la avaricia, y al dejarse arrastrar por ella algunos se apartaron de la fe y se atormentaron con muchos y agudos dolores.
11Tú, en cambio, hombre de Dios, huye de estas cosas y busca la justicia, la piedad, la fe, la caridad, la paciencia y la mansedumbre. 12Pelea el noble combate de la fe. Conquista la vida eterna a la que has sido llamado y para la que hiciste solemne profesión en presencia de muchos testigos.
13Te ordeno en la presencia de Dios, que da vida a todo, y de Cristo Jesús, que dio el solemne testimonio ante Poncio Pilato, 14que conserves lo mandado, sin tacha ni culpa, hasta la manifestación de nuestro Señor Jesucristo; 15manifestación que hará patente en el momento oportuno
el bienaventurado y único Soberano,
el Rey de los reyes y el Señor de los señores;
16el único que es inmortal,
el que habita en una luz inaccesible,
a quien ningún hombre ha visto ni puede ver.
A Él, el honor y el imperio eterno. Amén.
17A los ricos de este mundo ordénales que no sean engreídos y que no pongan su esperanza en las riquezas perecederas, sino en Dios, que nos provee de todo con abundancia para que lo disfrutemos: 18que hagan el bien, que se enriquezcan en buenas obras, que sean generosos al dar y hacer a otros partícipes de sus bienes, 19que atesoren para el futuro unos sólidos fondos con los que ganar la vida verdadera.
20Querido Timoteo: guarda el depósito. Evita las palabrerías mundanas y las discusiones de la falsa ciencia: 21algunos que la profesaron se han apartado de la fe.
La gracia esté con ustedes.