COMENTARIO
Así como San Pablo no se retrajo de salvaguardar la recta doctrina, tampoco debe hacerlo Timoteo, que también asumió esa responsabilidad. «Profecías» (v. 18) en el Nuevo Testamento no designa habitualmente el anuncio de un acontecimiento futuro. En este texto parece que se refiere a la misión encomendada en el momento de la imposición de las manos (cfr 4,14; 2 Tm 1,6) y a las palabras de exhortación con las que el Apóstol lo instruyó.
La fe es un don gratuito de Dios al hombre, que se puede perder. Hace falta luchar por conservarla, y para eso se requiere una «buena conciencia» (v. 19), rectamente formada, pues cuando la conciencia se corrompe busca justificar las propias acciones morales desviándose de la fe. Lo advertía San Juan Crisóstomo: «Porque el que dice adiós a la vida cristiana se forma una creencia semejante a sus costumbres» (In 1 Timotheum, ad loc.).
Entregar a Satanás (v. 20) significa apartarlos de la comunión eclesial. El fin de esta excomunión es pastoral y medicinal: el bien de los fieles y la enmienda de los mismos herejes. No tenemos apenas datos sobre los dos personajes citados aquí. Himeneo puede que sea el mismo del que se dice en 2 Tm 2,17 que afirmaba que la resurrección se había efectuado ya. Alejandro es un nombre muy común, difícil de identificar: quizá sea el herrero del que se habla en 2 Tm 4,14-15. También el libro de los Hechos menciona a un Alejandro en Éfeso (cfr Hch 19,33-34).