COMENTARIO
Dios actúa en la Iglesia y a través de ella como un padre en su familia. La Iglesia no es una sociedad meramente humana, donde los ministros pueden ejercer su función con criterios personales, ya que pertenece a Dios.
La expresión «casa de Dios» evoca, junto al carácter familiar, la necesaria cohesión de los cristianos como elementos de un edificio sagrado: los hijos de Dios, congregados por voluntad divina, forman la Iglesia, casa y Templo, donde Dios habita de un modo más pleno que en el antiguo Templo de Jerusalén (cfr 1 R 8,12-64). «Columna y fundamento de la verdad»: Estos elementos, que completan la imagen de la edificación, son un modo gráfico de expresar la firmeza y perennidad de la Iglesia en su deber de conservar y transmitir la verdad, que «se extiende a todo cuanto abarca el depósito de la Revelación, que debe ser custodiado santamente y expresado con fidelidad» (Conc. Vaticano II, Lumen gentium, n. 25).