COMENTARIO

 1 Tm 3,16 

El «misterio de la piedad» viene expresado en forma de himno, como un cántico en honor de Cristo, que se opone al «misterio de la iniquidad» (2 Ts 2,7). Parece como si frente a los habitantes de Éfeso que gritaban: «¡Grande es la Artemisa de los efesios!» (Hch 19,28), los cristianos de esa ciudad fuesen invitados a clamar: «¡Grande es el misterio de la piedad!». Este misterio lleva consigo la reconciliación y unión de los hombres con Dios, realizada en Cristo: Él toma nuestra carne sin dejar de ser Dios; las naciones de la tierra le reconocerán lo mismo que los ángeles en el Cielo; vive y habita en el corazón de los hombres por la fe, pero su morada está en la Gloria junto al Padre.

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