COMENTARIO

 2 Tm 1,1-5 

La atención de esta carta se centra en el Evangelio, considerado como motivo por el que vale la pena sufrir cualquier penalidad (1,6-2,13), y como doctrina saludable, que se ha de conservar, defender y propagar (2,14-4,8). A lo largo de la carta abundan las noticias personales del Apóstol, que culminan en las recomendaciones finales a Timoteo (4,9-22).

Estas primeras líneas (vv. 1-5) denotan un entrañable afecto por el discípulo. En cierto sentido evocan la despedida en Mileto de los presbíteros de Éfeso (cfr Hch 20,37). La mención de la abuela y de la madre de Timoteo refleja también el tono íntimo de la carta y muestra el agradecimiento que se debe hacia quienes nos han transmitido la fe. «Los cristianos están obligados a una especial gratitud para con aquellos de quienes recibieron el don de la fe, la gracia del Bautismo y la vida en la Iglesia. Puede tratarse de los padres, de otros miembros de la familia, de los abuelos, de los pastores, de los catequistas, de otros maestros o amigos» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2220).

Volver a 2 Tm 1,1-5